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Prueba: Citroën C5 Aircross THP Feel Pack

Segunda entrega de la prueba del flamante SUV de la marca francesa. En este capítulo, una mirada al equipamiento que ofrece. ¿Es completo? ¿Qué le falta?

A la guerra

Como fiel representante del segmento de SUV medianas, uno de los más cercanos al premium que tenemos en nuestro mercado, la Aircross tiene una muy buena dotación de serie en la única variante que ¿por ahora? se comercializa en nuestro mercado.

Por el lado del confort se destacan los sensores de estacionamiento delanteros y traseros (con cámara de retroceso), climatizador bizona, control de velocidad crucero y limitador, techo panorámico y acceso y arranque sin llave, como lo más destacado.

En el ámbito de la seguridad, el C5 tomó prestadas buena parte de las asistencias de su primo 3008. Esto incluye alerta y frenado automático de emergencia en ciudad, indicador de descanso recomendado, aviso de cambio de carril involuntario, reconocimiento de señales de velocidad máxima y monitoreo de ángulo muerto. Nos llamó la atención la falta de un control crucero activo como sí tiene el Peugeot.

Quien se siente a comandar el Aircross tendrá una posición de manejo muy maleable, con doble regulación tanto del volante como de la butaca. Otra peculiaridad es la falta de regulaciones eléctricas e incluso, aunque nos fascinen los tapizados Metropolitan Grey, la ausencia de calefacción en las butacas (3008 tiene hasta masajes). De todos modos el tapizado no es excusa porque en su momento el C4 Cactus tenía butacas similares calefaccionadas. Por último, respecto al auxilio, sabor agridulce: de chapa pero por lo menos misma medida.

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