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Chevrolet Cruze, Fiat Bravo y Renault Megane: ¿cuál era mejor?

Hace más de diez años enfrentábamos tres opciones importadas del segmento mediano de bicuerpos. Tres productos interesantes que incluso hoy vale la pena tener en cuenta.

Hace unos diez años, cuando todavía los SUV no pululaban el mercado de autos en Argentina, la franja de medianos hatch tenía un amplio abanico de alternativas. Lógicamente, los modelos más elegidos eran de fabricación regional, pero también existían algunas alternativas extrazona, cuando el contexto de los importados era bastante más favorable que lo que sucede en la actualidad. 

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Así las cosas, allá por 2013 enfrentábamos en auto test tres medianos importados con carrocería de cinco puertas que llegaban desde fuera del Mercosur: Chevrolet Cruze (la primera generación llegaba desde Corea), Fiat Bravo (Italia) y Renault Megane III (Turquía). En la actualidad, uno de estos tres directamente fue discontinuado hasta en Europa, el otro continúa a la venta en su cuarta generación en el Viejo Mundo y el restante solo se produce en su segunda generación exclusivamente en Argentina. 

No eran los más populares. Las calles no los tenían como protagonistas principales ni eran los más baratos. Sin embargo, su propuesta era de calidad, manejarlos resultaba (y resulta) atractivo y ostentaban amplias listas de equipamiento, tanto de confort como de seguridad. 

Los tres tenían un objetivo en común: quitarle ventas y protagonismo a los medianos producidos en Argentina (Citroën C4, Ford Focus y Peugeot 308) y posicionarse como una alternativa a otras opciones como el eficiente Nissan Tiida. Recordemos que el Volkswagen Golf, referente mundial del segmento, era en aquel momento el gran ausente (llegaría dos años más tarde en su séptima generación importado de México). 

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Diseño exterior

Si la vara estética es la de la deportividad, el Fiat Bravo y el Chevrolet Cruze pelean desde ópticas diferentes. El Fiat posee una genética italiana palpable en sus líneas agresivas y fluidas a la vez, sobre enormes llantas de 18 pulgadas que, sin embargo, ya fueron reemplazadas en el catálogo del modelo por unas de 17, la misma medida que lleva el Chevrolet Cruze. Este último luce sobrio, musculoso y aplomado. Los cambios de diseño en la edición 2013 del Chevrolet Cruze afectan a los paragolpes, la grilla inferior y los antinieblas. 

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Algo similar ocurre con el Renault Mégane, que luce faros diurnos con LED, maquillaje en la zona frontal y otras llantas de 16 pulgadas. El sector posterior ya no exhibe, como la segunda generación, la rúbrica de Patrick Le Quément, y es el más convencional de los tres. Es también el más corto, con 20 centímetros menos de longitud que el Chevrolet Cruze, que a su vez es el más largo (4,51 m) y con mayor distancia entre ejes (2,68 m). 

Esta última cota es idéntica a la de su hermano tricuerpo, acertada decisión que repercute positivamente en la habitabilidad posterior, superior a la de sus rivales. Lo sigue el Renault Megane, aunque ya dentro del terreno de las plazas justas, y luego el Fiat Bravo. 

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En baúles, en cambio, están muy parejos y hay un virtual empate. Litros más, litros menos, todos rondan los 400, volumen generoso para un hatch mediano. El del Chevrolet Cruze es el mejor presentado, más profundo y fácil de acceder, mientras que el del Fiat Bravo es más alto. El Renault Mégane es el único con el auxilio exterior, una solución que no convence por los amigos de lo ajeno. Al igual que en sus rivales, es de medida similar con llanta de chapa. El del rombo, no obstante, se lleva un punto extra en calidad de materiales, con algunas superficies mullidas.

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Renault-Megane-Trompa-2 Interior y equipamiento

Al indagar con lupa en el interior, el del Renault Megane es el más cuidado. El del moño dorado tiene la plancha más personal, pero los plásticos son todos rígidos y algunos un poco rústicos al tacto. El Fiat Bravo se ubica entre los dos, con un toque distinto: la consola orientada hacia el conductor. 

La posición al volante más versátil la tiene el Chevrolet Cruze, con pedalera profunda y generosa regulación en altura. Lo siguen el Fiat Bravo y último el Renault Mégane, ambos con buena postura pero más anatómica en el italiano. 

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El Chevrolet Cruze ofrece la luneta más grande, pero también es el de visibilidad más limitada por los apoyacabezas, que no tienen forma de coma. En equipamiento de confort, el veredicto es un empate. El Chevrolet aventaja con la pantalla táctil y la cámara de marcha atrás (ausentes en sus rivales), pero le falta navegador, ítem disponible en el Renault. 

Renault Megane Interior

A ambos los aventaja el Fiat por disponer de ayuda al arranque en pendiente y sistema stop & start, aunque carece de detección de llave y arranque por botón. En seguridad, el Fiat Bravo queda un punto por debajo de sus rivales, porque si bien dispone de antinieblas con función “corner”, es decir que se encienden al doblar o colocar el guiño, ofrece sólo cuatro airbags de serie (los de cortina eran opcionales). Fiat Bravo y Renault Mégane tienen control de presión de neumáticos, y todos control de tracción y estabilidad, entre múltiples dispositivos. Los faros de xenón son una deuda de los tres. 

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Motor y comportamiento

Desde la cilindrada los motores ya mostraban sus diferencias. Fiat apelaba a un 1.4 de 140 CV, de los tres es el único con turbo (de geometría variable) y el de mayor torque: 23,4 kgm a 1.750 rpm. La distribución MultiAir está conformada por un árbol de levas para las válvulas de escape y un sistema electrohidráulico que acciona las de admisión, según la necesidad. Eso, junto con el stop & start (desconectable) que apaga el motor al detenerse, lo ubica como el que menos consume, y en especial en lo urbano, con 9 litros cada cien kilómetros. 

El Chevrolet Cruze es impulsado por el 1.8 Ecotec de 141 CV (a 6.200 rpm) y distribución variable VVT, mientras que el Renault monta el 2.0 de origen Nissan y 143 CV (a 6.000 rpm), que con admisión variable brinda el mejor desempeño en ciudad por contundencia y elasticidad a regímenes bajos. Sin embargo, el consumo allí es elevado, con un mínimo de 12 litros “cada cien”. 

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Al Chevrolet Cruze le falta vigor en la zona baja del tacómetro, y el Fiat Bravo a muy bajas vueltas es perezoso, como si le costara vencer la inercia, y por ello hay que colocar la primera más de lo habitual. 

El primer lugar en selectores es para el Renault Mégane, y la observación para el del Bravo, lento en el pasaje de primera a segunda. El andar del Renault en lo urbano conquista a cualquiera. Las suspensiones orientadas al confort asociadas a los neumáticos 205/60 hacen buena yunta, y reciben el aporte de la dirección eléctrica, el selector preciso y los pedales suaves. Como en el Fiat, al principio hay que acostumbrarse al acople del embrague. Goza de generoso despeje y es, además, el único con chapón de verdad (en el Chevrolet Cruze es un plástico grueso). 

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En lo irregular, el Chevrolet Cruze es más firme y seco, pero si se dosifica la presión de los Kumho (algo duros) 225/50 se puede obtener un andar lógico. Por el rodado (225/40) y la suspensión más rígida en esta versión Pack Sport, el Fiat Bravo es el más comprometido de los tres en ciudad, aunque no es tan grave como se imagina a priori. Es el de las zonas bajas más expuestas ya que carece de chapón. 

Todo lo que entre edificios es limitación en el Fiat Bravo, se torna virtud en la ruta abierta y las curvas. Al presionar la tecla Sport el acelerador gana sensibilidad, la dirección se endurece y brota toda la esencia italiana. Aplomado y solvente, su comportamiento dinámico es envidiable, con la dirección más precisa. 

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En lo veloz la del Chevrolet Cruze también es directa, mientras que la del Mégane, algo sobreasistida. A partir de 3.000 rpm el motor MultiAir se pone gratamente nervioso –”arriba” el sonido acompaña– y no es casual que se quede con las mejores recuperaciones (8,9 segundos de 80 a 120 km/h en cuarta)

Al igual que en el del rombo, la sexta marcha permite relajar el régimen de giro del motor y ambos gozan de habitáculos silenciosos, un punto a mejorar en el Chevrolet Cruze. El Chevrolet está entre los mejores del segmento en comportamiento, con un toque más deportivo que en el Renault, el más doméstico del trío pero no por ello ineficiente: dobla con inclinaciones aunque con buen apoyo; es franco. Y se lleva los mejores tiempos de aceleración, con 9,8 segundos para ir de 0 a 100 km/h, un segundo menos que sus rivales, y la más eficiente frenada de 100 a 0 km/h, con 37,5 metros y un pedal firme.

Quien busque un sano equilibrio entre prestaciones, equipamiento y comportamiento verá en el Mégane su opción. Aquellos que quieran disponer de un toque de pimienta dinámica y plazas traseras más amplias, tendrán en el Chevrolet Cruze la variante más tentadora. Por último, quienes disfruten manejar un auto sanguíneo, donde las sensaciones están a flor de piel y llegan detrás del volante, verán en el Fiat Bravo un cómplice, que además es muy económico en ciudad. 

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