Grand Cherokee WJ V8 con ruedas de 40 pulgadas: la bestia off-road que casi nunca tocó el barro
Pero esta generación, producida entre 1999 y 2004, tiene una base que los puristas aprendieron a respetar: carrocería relativamente compacta, buena distancia entre ejes y, sobre todo, la posibilidad de contar con un V8 de fábrica.

Este Grand Cherokee WJ 2002 V8 lo construyó un ingeniero en Carolina del Sur y quedó tan prolijo que casi no vio tierra. Con ejes de una tonelada, coilovers y 40 pulgadas de neumático, es exactamente lo que cualquier off-roader buscaría. Pero recién ahora va a encontrar el barro de verdad: su nuevo dueño es Jeremiah Brown, guía de senderos en las montañas Catskill que se crió a bordo de un Cherokee XJ 1984.
Un purista del XJ que miró a los Grand Cherokee con otros ojos
Jeremiah Brown se define como «tried-and-true Cherokee guy». Es de esos que crecieron en la escuela del XJ, la generación del Cherokee que se ganó un lugar propio en la historia del off-road estadounidense. Su primer vehículo fue un Cherokee XJ 1984, con el que aprendió a manejar en el monte. Ese dato no es menor: define una forma de entender el 4×4.
Por eso la historia tiene un componente curioso. Brown es trail guide del Jeep Jamboree en las montañas Catskill y conoce de memoria los senderos del noreste de Estados Unidos. Durante años, su referencia fue el XJ. El Grand Cherokee WJ, en cambio, suele quedar a la sombra del Cherokee XJ y del Wrangler TJ. Para muchos, es un Jeep «blando», un vehículo más de ciudad que de roca.
Pero esta generación, producida entre 1999 y 2004, tiene una base que los puristas aprendieron a respetar: carrocería relativamente compacta, buena distancia entre ejes y, sobre todo, la posibilidad de contar con un V8 de fábrica. Para el off-road extremo, esa combinación no se consigue en cualquier SUV.

Cuando Brown vio este WJ a la venta, la decisión fue inmediata. Según contó en una nota de Offroad Xtreme, apenas lo descubrió le dijo al dueño anterior: «Me lo construiste para mí».
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Una preparación de ingeniero, con ejes 1-ton y coilovers
El Grand Cherokee no es un proyecto armado en un taller casero. Lo construyó un ingeniero en Carolina del Sur, y eso se nota en el resultado. Tenía poco uso real, sin marcas de senderos ni signos de maltrato. Era, básicamente, una bestia de garaje que esperaba a su dueño.
El equipamiento principal está a la vista: ejes 1-ton, suspensión coilover custom y neumáticos de 40 pulgadas. La nota original no detalla la marca exacta de los ejes ni el tipo de V8, pero la configuración dice mucho de lo que viene.
Los ejes 1-ton son los que usan las pickups de una tonelada, como los Dana 60, los GM 14-bolt o los Ford 10.5. Si querés montar 40 pulgadas sin destrozar palieres, corona y piñón, no hay atajo: son significativamente más resistentes que los ejes de fábrica del WJ. En criollo: son los que aguantan cuando el vehículo queda apoyado sobre una sola rueda en una piedra.
Los coilovers, por su parte, son amortiguadores con el resorte helicoidal integrado en la misma unidad. A diferencia de un esquema tradicional de resorte y amortiguador separados, permiten ajustar altura y precarga, y ofrecen un recorrido muy controlado. Para el rock crawling y el off-road extremo, es una de las configuraciones más efectivas.
Con 40 pulgadas de diámetro, los neumáticos completan el combo. Para montarlos, el WJ tuvo que recibir recortes en los guardabarros y una suspensión con mucho recorrido. El resultado es una camioneta que no parece un Grand Cherokee de manual, sino un vehículo pensado para un solo propósito: avanzar sobre lo que se le ponga adelante.
Un V8 que todavía puede guardar secretos
Offroad Xtreme no confirma si el V8 es el 4.7 PowerTech que Jeep ofrecía en el WJ o si recibió modificaciones. Tampoco aclara la relación de diferenciales ni la caja de transferencia. Son datos que seguramente van a aparecer cuando la camioneta empiece a rodar por los senderos.
Lo que sí se sabe es que la preparación tenía poco uso real. Un vehículo así, armado con criterio de ingeniería, muchas veces se vende antes de ser exigido como corresponde. Esta unidad, en cambio, cayó en las manos de alguien que vive del sendero.
Brown es trail guide del Jeep Jamboree en las Catskill. Eso significa que conoce las rutas, evalúa riesgos, asiste a los participantes y oficia de referente para los que se animan a meterse en terrenos complicados. No es un aficionado que compra un 4×4 armado para ir a la montaña cuando puede. Es su trabajo.
Además, está trabajando para lanzar un negocio de construcción de senderos, el llamado trail building. Esa actividad combina diseño de recorridos, trabajo físico, conocimiento del terreno y criterio de impacto ambiental. Si alguien va a usar el WJ como corresponde, es él.
Del garaje de Carolina del Sur a las rocas de Nueva York
El WJ ya tuvo dos vidas. La primera fue la del garaje de un ingeniero que lo construyó con prolijidad y lo cuidó más que lo usó. La segunda, la que empieza ahora, va a transcurrir sobre las rocas y los senderos de las Catskill, con un dueño que creció en un Cherokee XJ 1984 y que encontró en el Grand Cherokee la evolución que no sabía que estaba buscando.
Para Brown, no se trata de cambiar de bando. Es un tipo de XJ que entendió que el WJ, bien armado, puede ser tanto o más capaz que su antecesor. Si sos de los que miraban con recelo al Grand Cherokee de esa generación, esta preparación te obliga a mirarlo dos veces. Con ejes de una tonelada, coilovers y 40 pulgadas, este Grand Cherokee WJ está listo para demostrar que la familia Cherokee no tiene generaciones débiles. Solo necesita que alguien la pise fuerte.