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Así fue el debut (deportivo) del Colorado Figueras

El automovilismo de competición, para algunos pocos (por suerte), es como un virus que produce adicción e invade los genes a partir del momento en que nacemos. Confieso que me encuentro dentro de ese grupo de infectados.

COLORADO FIGUERAS

Les cuento sobre mi debut. Mi familia se había mudado a Devoto y a los 16 o 17 años comencé a frecuentar el boliche (bautizado Fonrouge) frente a la estación del ferrocarril San Martín. Casi todos me superaban en edad por lo tanto me limitaba a escuchar con atención los comentarios del Negro Elliot y Lucho Dal Zotto que ya corrían con sendas coupé Decarlo, grupo al que se sumaba Cacho Garavaglia mecánico y preparador del auto de Coco Taruselli entre otros, ganador de la primera etapa del GP de Turismo del 66.

Norberto Bressano, algunos años mayor, ya tenía algunas experiencia deportiva con su Fiat 600 y terminamos siendo socios contagiados por el ambiente reinante en la mesa. Fue a comienzos del 66 que decidimos comprar un Isard 700 modelo 60 para participar en el GP de ese año. Conseguimos uno en buen estado general, lo pintamos de verde inglés, con círculos amarillos en las puertas y capot equipándolo con jaula, butacas y tanque suplementario.

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El motor se lo encomendamos a Rectificaciones Maratea y al loco Garavaglia (dedicado a los Decarlo) lo convencimos para que se ocupara del alistamiento de nuestro Isard (*) en su taller de Charcas y Bonpland. El motor era un dos cilindros opuestos de 682 cm3 y 34 caballos alimentados por un carburador Solex ya que los dos Bing originales nunca funcionaban en armonía. El Isard aventajaba a sus rivales de categoría (Decarlo y NSU) en los tramos de montaña debido a su distribución de peso ya que a diferencia con el resto disponía de motor delantero y tracción trasera que era más eficiente en zonas de trepada pero perdía velocidad en las largas rectas.

COLORADO FIGUERAS DEBUT 2

Finalizada la preparación y después de unos 500 kilómetros de ablande en la autopista a Ezeiza a 80 km/h durante largas trasnoches (tramo utilizado por todos los que corrían el GP) estaba listo para largar. Ahí comprobamos que de los 110 km/h de serie llegábamos a casi los 130 km/h en cuarta a fondo. Y hasta teníamos apoyo publicitario: Alimentos Balanceados Fortisan, amortiguadores Daher Boge, Viñedos Nacarí, repuestos Plaza, Rectificaciones Maratea y por supuesto, revista CORSA.

Nos anotamos en el ACA como binomio “Bressano-Figueras”. Nos tocó el número 116 en el sorteo y se largaba de Pilar a las dos de la madrugada. Minutos antes de partir se nos acercó un tal “Botafogo” (ese era su seudónimo) que estaba detrás nuestro con el 118 y nos comentó que su Isard viajaba más 140 km/h por lo tanto que estuviéramos atentos porque nos iba a pasar a los pocos kilómetros. Poco después de las dos de la mañana nos bajaron la bandera. En medio de una emoción tan incontenible como inolvidable para mis jóvenes veinte años… ¡estábamos en carrera!

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Hasta San Antonio de Areco infinidad de personas estaban apostadas formando un túnel en plena noche a pocos metros del asfalto saludando el paso de cada auto. Con el cuentavueltas clavado en 6.500 rpm (unos 130 km/h) el Isard sonaba alegremente. En Canals cargamos combustible en la YPF del ACA (aeronafta 115/130 octanos), en Dique Los Molinos nos esperaba nuestro “auxilio” (los de la barra del boliche que luego volverían a Buenos Aires).

COLORADO FIGUERAS DEBUT 1

Nos despojamos de la batería adicional que alimentaba el faro banquinero, nos tiraron una botella de agua mineral y seguimos hacia el final de etapa en Carlos Paz llegando en el puesto 36º sobre 72 arribados a un promedio de ¡100 km/h! Bastante bien para un debut. Al velocista “Botafogo” nunca lo vimos, llegó lejos detrás nuestro. Eso sí, cuando antes de Rio Cuarto nos pasó al amanecer el Ford Mustang de Oscar Cabalén a 220 km/h el Isard se movió como vela al viento y por poco no terminamos en la banquina.

Tras un día de descanso partimos rumbo a San Juan, un recorrido que atravesaba San Luis con varios kilómetros de tierra/ripio en los que nuestra noble máquina no superaba los 100-105 km/h traccionando como podía en los guadales. Al rato nos pasó un Fiat 1500 que nos rompió el parabrisas y tuvimos que poner uno de plástico que llevábamos de repuesto pero que cargaba mucho polvo por la estática y perdíamos visibilidad.

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Al final de la etapa habíamos avanzado al puesto 22º beneficiados por algunos abandonos, entre ellos el de Coco Taruselli que había ganado la primera sacándonos ¡una hora! de ventaja. El tercer tramo rumbo a Catamarca fue la del knock out definitivo cuando ya habíamos ganado otras cuatro posiciones. Los espárragos del block se comieron la rosca de la tapa y nos dejó con un solo cilindro en plena Cuesta de Miranda. Imposible seguir.

Unos auxilios nos llevaron a la rastra hasta Catamarca y los hermanos Paillot (que habían sido pilotos oficiales de Isard Argentina) demostraron su solidaridad y nos enviaron el repuesto en avión desde Buenos Aires. En el aeroclub de Catamarca uno de los socios de apellido De La Colina se encargó de ponerlo en marcha sin cobrarnos una moneda. Fue precisamente en ese GP que conocí a Jorge Maggi que participaba con un Decarlo Limousine (no coupé)  y que terminó 7º el GP, puesto que hubiésemos logrado de haber llegado ya que siempre veníamos adelante por algunos minutos. Fue en esa ocasión que trabamos una larga amistad que duró a través de los años y hoy continúa con su hijo Mariano.

Con el correr del tiempo tuve otras experiencias deportivas más enriquecedoras  compartiendo el auto con pilotos de nivel superior al mío y de los que aprendí a pulir mis defectos. Pero esa es otra historia que ya contaré.

Este fue mi debut (deportivo). El otro pertenece al terreno de la intimidad.

Por Carlos F. Figueras

(*) En Alemania nació como Goggomoli pero como en Francia (goggo) significa tonto se lo cambió por Isar, río que estaba en las cercanías de la fábrica germana. En Argentina la empresa Los Cedros que también ensamblaba la pick up Studebaker, le agregó la “d” final.  

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