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Carlos Figueras: la única verdad es la realidad

Nuestro director reflexiona acerca de la crisis que está sufriendo el sector automotriz y por qué los autos son tan caros en Argentina. ¿Coincidis?

Mientras estoy tecleando estas líneas en las playas del puerto de Zárate descansan unos 4.000 vehículos importados (la mayoría provenientes de Brasil) que no han sido liberados por las autoridades. La falta de dólares hace que las importaciones estén limitadas y lo que se busca es patear todo para adelante el mayor tiempo posible. ¿Es la solución? Hay que tener en cuenta que una gran parte de los autos que se comercializan en nuestro mercado provienen de nuestro vecino, que por otra parte es el mejor cliente que tenemos. Por su parte el gobierno subió el piso del gravamen a las unidades que superen los 2 millones pesos (unos 27 mil dólares oficiales) considerándolos dentro del 20% plus del impuesto al lujo y que sube al 35% para los que estén por encima de los 3,4 millones de pesos. Esto ha llevado a un cambio de costumbres en el mercado que se ha inclinado por la compra de utilitarios y pick ups que no abonan ese impuesto y disfrutan de un IVA del 10,5%.

Por su parte, Alberto Fernández, hace unos días, arengó a “comprar autos argentinos”. Es evidente que el presidente desconoce o están mal informado por sus asesores, respecto a la integración nacional de los vehículos que se producen en el país. ¿O en el gobierno creen que un auto fabricado en Argentina contiene la mayor parte de elementos y partes provenientes de proveedores locales? Incluso, en los últimos meses y debido a la caída de la producción y de las ventas, muchas empresas autopartistas o bajaron la persiana o armaron las valijas regresando a los países de origen de sus plantas madre.

Un vehículo que sale de la línea de montaje de cualquiera de las terminales locales, en el mejor de los casos, está compuesto por solo un 50% de piezas “made in Argentina”. El resto son importadas que se deben pagar en dólares contantes y sonantes.

El gobierno debe entender que los autos en Argentina son caros debido a los impuestos internos del orden del 54% y que paga el comprador. Por eso la industria automotriz no puede ser competitiva y por lo tanto se limitan las posibilidades de exportar nuestros productos. Todo es tan simple y claro que llama la atención que cuando el gobierno se reúne con los responsables de las automotrices hable de fomentar la producción y las exportaciones para que entren los preciados dólares a las arcas del Estado.

Hay que reconocer, eso sí, que a este gobierno le tocó bailar con la más fea. A una economía gravemente herida desde hace más de una década, se le sumó un imprevisto: la pandemia.

Esta es la realidad del país y de nuestra industria automotriz.

 

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