Un Acura NSX con más de 500 mil km y todo original
Mientras la mayoría de los superdeportivos de los 90 vive guardado en colecciones o sale apenas los fines de semana, este Acura NSX marcó 514.026 kilómetros con el motor y la caja…

Mientras la mayoría de los superdeportivos de los 90 vive guardado en colecciones o sale apenas los fines de semana, este Acura NSX marcó 514.026 kilómetros con el motor y la caja originales. No es una rareza: es una declaración de principios de Honda.
El dato lo publicó la cuenta @Mileage_impo, especializada en documentar autos con kilometraje extremo. El post del 12 de agosto de 2026 mostró el odómetro marcando 319.401 millas, que al pasar a kilómetros dan exactamente 514.026. Y lo más llamativo no es la cifra: es que el V6 VTEC y la transmisión manual son los que salieron de fábrica.
El superdeportivo que nació para usarse
El Acura NSX no fue un superdeportivo más. Cuando apareció en 1990, Honda hizo lo que ningún fabricante japonés había intentado: un auto con motor central, chasis monocasco de aluminio y la ambición de competir cara a cara con Ferrari y Porsche. Pero con una diferencia clave. Los japoneses no buscaban un auto de exhibición, sino una máquina que se pudiera usar todos los días.

La primera generación se produjo entre 1990 y 2005. En Japón se vendió como Honda NSX y en América del Norte como Acura, la división de lujo de la marca. Fue el primer superdeportivo de serie con carrocería de aluminio, un avance técnico enorme para la época que reducía peso y mejoraba el comportamiento.
Encima, Honda tuvo la inteligencia de pedirle ayuda a Ayrton Senna. El brasileño participó en el desarrollo y ajustó el comportamiento dinámico en el circuito de Suzuka. Se dice que gracias a sus observaciones la suspensión se endureció y el auto ganó precisión en curva. Ese nivel de obsesión marcó a fuego el carácter del modelo.
El resultado fue un auto que no solo igualaba a los europeos en prestaciones, sino que los superaba en durabilidad y facilidad de uso. Ahora, con más de medio millón de kilómetros encima, esa filosofía quedó demostrada.
Cómo hizo Honda para que un motor aguante 514.026 kilómetros
El corazón del NSX es un V6 de aspiración natural con tecnología VTEC, la distribución variable de válvulas que Honda desarrolló en los 80. Según el año de producción, la cilindrada era de 3.0 o 3.2 litros, con potencias que iban de los 270 a los 290 CV. Números que hoy parecen modestos, pero que en su momento eran competitivos.
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La clave no era la potencia bruta, sino cómo estaba construido. El VTEC permitía que el motor respirara de forma óptima tanto a bajas como a altas revoluciones. Eso reducía el estrés mecánico y mejoraba la eficiencia. A esto se le suma una calidad de materiales y un control de fabricación que en los 90 no tenía equivalente en el segmento.

Que un ejemplar llegue a 514.026 kilómetros con el motor y la transmisión originales no es un accidente. Es el resultado de una ingeniería pensada para durar. En Japón hay decenas de casos de NSX con más de 300.000 kilómetros funcionando sin problemas. Este ejemplar lleva la idea al extremo.
Por supuesto, llegar a esa cifra no significa que el auto no haya pasado por el taller. Un superdeportivo de hace 30 años requiere mantenimiento constante: cambio de aceite, correas, mangueras, suspensiones y componentes que se desgastan con el uso. Pero la diferencia está en que el bloque motor y la caja nunca necesitaron una reconstrucción. Eso es lo que llaman «todo original» y, en el mundo de los clásicos, tiene un valor enorme.
Qué significa que un NSX sea «todo original» a los 514.026 km
En el universo de los autos de colección, «todo original» implica que el motor y la transmisión son los que salieron de fábrica, sin reconstrucción ni reemplazo por unidades nuevas. No habla del estado de la pintura ni de los interiores, que pueden estar gastados por el uso. Habla de la mecánica esencial.
En un Ferrari o un Lamborghini de los 90, pasar los 100.000 kilómetros ya es noticia. Pasar los 500.000 es prácticamente impensado. Los superdeportivos europeos de esa época fueron diseñados para dar placer de manejo, no para acumular millas. Muchos ejemplares pasaron años encerrados en cocheras, con el cuentakilómetros casi congelado.
El NSX tomó el camino inverso. Este ejemplar, del que no se conocen detalles del dueño ni del país donde circula, parece haber sido usado como un auto normal. Los 514.026 kilómetros no se hacen yendo a comprar el pan. Son kilómetros de ruta, de trabajo, de viajes, de uso real. Y el auto siguió respondiendo.
Contra Ferrari 348 y Porsche 911: la durabilidad como arma
En 1990, los rivales directos del NSX eran el Ferrari 348 y el Porsche 911 Carrera. El italiano tenía un V8 de 300 CV, el alemán un bóxer de 250 CV. Ambos eran excelentes autos, pero con una fragilidad estructural que el tiempo se encargó de mostrar. El NSX, en cambio, se convirtió en el estándar de confiabilidad del segmento.
No es casualidad que hoy haya una comunidad enorme de propietarios de NSX que usan sus autos a diario. En Estados Unidos, el modelo tiene fama de ser «el superdeportivo que podés manejar todos los días sin volverte loco». El caso de las 319.401 millas es la prueba más clara: mientras otros clásicos se rinden o se guardan, este sigue andando.
El dueño, el registro y el paso del tiempo
La publicación de @Mileage_impo tuvo 233 likes, 18 retweets y 7.2 mil vistas. No fue una viralización masiva, pero generó repercusión entre los fanáticos de la marca y los que siguen la escena de los autos japoneses con uso extremo. El dato del odómetro es el gancho, pero lo que queda en la memoria es la imagen de un superdeportivo que envejeció sobre el asfalto, no bajo una funda.
La cuenta Mileage Impossible se dedica justamente a eso: documentar autos que desafiaron el paso del tiempo con kilometrajes absurdos. Ahí aparecen Toyota Hilux con más de un millón de kilómetros, Mercedes-Benz con 800.000 y, ahora, un Acura NSX con 514.026. Todos tienen algo en común: fueron diseñados para durar, y sus dueños los hicieron durar.
Este NSX primera generación demuestra algo que Honda entendió mejor que nadie en los 90: un superdeportivo no tiene que ser frágil. Puede ser rápido, emocionante, preciso y, al mismo tiempo, capaz de recorrer medio millón de kilómetros sin que nadie abra su motor. El resto de la industria tardó décadas en aprender esa lección.