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Operativo urbano a bordo de dos Yaris (Parte 1)

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El renovado Yaris de Toyota presenta una opción distinta para el día a día de cada usuario. Joven, deportivo y manual, o formal, familiar y automático. Todas las facetas le sientan bien. Con el fin de remarcar las diferencias, las que están a la vista y las que no, realizamos un recorrido de más de 200 km en plena urbe evaluando el confort de marcha y, sobre todo, los consumos. ¿Con baúl o sin? ¿Manual o automático? Para todos los gustos.

Decidimos recorrer la capital de la provincia de Buenos Aires, La Plata, con una de las novedades lanzadas por Toyota al mercado local meses atrás. Hablamos del Yaris, la renovada generación proveniente de Brasil que llegó para reemplazar a la importada desde Tailandia, con una base más sólida, mayores configuraciones, la bienvenida silueta sedán y serias intenciones de convertirse en la ecuación ideal para movilizarse por las congestionadas urbes, pese a no ser parte de la categoría Citycar. Para ello, nos subimos a las opciones Hatchback y cuatro puertas en versiones tope de gama. Uno manual, el otro automático. Uno jovial, el otro familiero. Diferentes pero semejantes a la vez.

El objetivo era claro pero no tan simple como para salir airosos: recorrer en diferentes horarios de un día semanal unos 200 km en un trayecto urbano predefinido, el cual unió el pintoresco barrio de Puerto Madero y La Plata por la AU Ricardo Balbín (RN1).

Al volante de un Hatchback S con caja manual de seis marchas y un Sedán XLS Pack con transmisión automática del tipo CVT (siete relaciones), iniciamos la jornada con unos 20 grados a primera hora de la mañana, en un día soleado que se volvería algo más pesado de lo que el pronóstico vaticinaba. Subimos a la autopista con el fin de dirigirnos hacia la acrópolis del sur. Allí, si bien no era el fuerte del operativo, medimos los consumos pero sobre todo el comportamiento dinámico de cada unidad. Conservan la misma distancia entre ejes, similar medida de neumáticos y llantas, y hasta la misma altura. Solo la longitud, de 28 cm extra en el sedán, y el remate trasero diferencian las carrocerías, más allá del estilo deportivo con detalles en rojo y negro brillantes del S.

En este periplo, el Hatch fue más aplomado y dominó discretamente las ráfagas de viento, mientras que el Sedán se mostró menos dócil y evidenció leves filtraciones eólicas. Seguramente un desperfecto de los burletes de nuestra unidad en particular. El comportamiento del chasis y las suspensiones fueron seteados principalmente para un uso urbano, con una barra de torsión redimensionada en el tren trasero, pero sin descuidar las prestaciones a velocidades crucero, otorgando una franca respuesta en curvas pronunciadas y cambios bruscos de la dirección.

Claramente, contar con una marcha más permitió al Sedán sacar provecho al ofrecer un consumo contenido y la serenidad de las 1.650 rpm con las que se viaja a 100 km/h, 850 rpm menos que el manual. A esta velocidad constante, el familiar gastó 5,4 l/100 km, 0,3 litros más que el cinco puertas.

Próximamente va a estar subida la parte 2, donde comparamos consumos y comportamientos.

Para ver la parte 2, hace click aqui

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