Lewis Hamilton por fin compró su auto soñado: el Ferrari F40
La aceleración también impresionaba: de 0 a 100 km/h en unos 4,1 segundos, una cifra que hoy parece normal en cualquier eléctrico chino.

Enzo Ferrari murió en agosto de 1988, un año después de presentar el auto que cerraría su historia. Ese auto, el F40, acaba de cambiar de manos: ahora vive en el garaje de Lewis Hamilton, el piloto que pasó de dominar la F1 con Mercedes a rendirse ante el mito de Maranello. La noticia, confirmada por medios especializados, llega en un momento que no podía ser más simbólico.
El último auto que Enzo aprobó en persona
El Ferrari F40 se presentó en 1987, cuando la marca festejaba su 40° aniversario. Pero no fue un festejo de salón: Enzo Ferrari lo concibió como una declaración de guerra contra el Porsche 959, que por entonces era el auto de producción más rápido del planeta. La respuesta de Maranello fue un superdeportivo sin concesiones, construido con la lógica de un auto de carrera pero homologado para la calle.
Ese ADN de competición no era casualidad. El F40 nació también como homenaje a la victoria de Ferrari en el mundial de constructores de Fórmula 1, y llevaba en la sangre todo lo que la Scuderia había aprendido en las pistas. El resultado fue un objeto radical, espartano, que no pedía permiso para intimidar.
Enzo Ferrari vio nacer el proyecto y lo aprobó personalmente. Murió el año siguiente, en agosto de 1988, y el F40 quedó como su testamento mecánico. No es una leyenda construida después: es el último auto que el fundador tocó con sus manos, el cierre de una era que arrancó mucho antes, con los Alfa Romeo de preguerra y los primeros Ferrari de calle.
Un V8 biturbo que daba miedo
Detrás de los asientos, el F40 esconde un motor que todavía hoy genera respeto. Se trata de un V8 de 2.9 litros con dos turbocompresores IHI, capaz de entregar alrededor de 478 CV. En su momento, esos números lo convirtieron en el auto de producción más rápido del mundo: fue el primero en superar los 320 km/h de velocidad máxima, con 324 km/h declarados por la marca.

La aceleración también impresionaba: de 0 a 100 km/h en unos 4,1 segundos, una cifra que hoy parece normal en cualquier eléctrico deportivo, pero que a fines de los 80 era territorio de otro planeta. Y todo eso sin ayudas electrónicas. No había control de estabilidad, no había modos de manejo, no había ABS en las primeras unidades. El F40 era un animal que exigía oficio, reflejos y bastante valentía.
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Para sostener esaperformance, Ferrari recurrió a materiales poco habituales en la época. La carrocería combinaba kevlar, fibra de carbono y aluminio, con el objetivo de mantener el peso por debajo de los 1.200 kilos. El interior era una declaración de principios: sin tapizados lujosos, sin pantallas, con manijas de tela para abrir las puertas. Todo lo que sobraba, se sacaba. Todo lo que pesaba, se eliminaba.
Los números de producción también cuentan una historia. Ferrari anunció que fabricaría solo 400 unidades, pero la demanda fue tan grande que terminó produciendo alrededor de 1.311 ejemplares entre 1987 y 1992. Aun así, cada F40 es una pieza especial: no solo por lo que representa, sino porque ninguno es exactamente igual a otro después de casi cuatro décadas de uso, mantenimiento y, en muchos casos, colección privada.
El coleccionista que tardó años en conseguir su pieza
Hamilton nunca escondió su admiración por el F40. En varias entrevistas lo mencionó como uno de los autos que más lo marcaron, un modelo que asociaba con la esencia más pura de Ferrari. Ya tenía otros modelos de la marca en su colección, pero el F40 era una cuenta pendiente, de esas que uno guarda en la lista mental de caprichos inalcanzables. Hasta ahora.
La compra se conoce cuando Hamilton ya está instalado como piloto de Ferrari en la Fórmula 1. Después de 12 años en Mercedes y siete campeonatos mundiales, el británico se calzó el rojo en la temporada 2025, un movimiento que sacudió a todo el paddock. Tener un F40 en el garaje, en ese contexto, deja de ser una simple operación de coleccionista: es un gesto que habla de pertenencia, de historia y de un vínculo que va mucho más allá del contrato.
Los detalles de la operación no se revelaron. No se sabe cuánto pagó Hamilton, ni qué año exacto tiene la unidad que compró, ni en qué estado se encontraba. Lo que sí se sabe es que el F40 original, bien conservado, se mueve en un terreno de números serios.
Cuánto vale hoy un F40
El mercado de autos clásicos convirtió al F40 en una pieza de colección de primer nivel. Las subastas internacionales muestran valores que van de los 2 a los 4 millones de dólares, dependiendo del estado, el kilometraje, la originalidad y el historial de cada unidad. Hay ejemplares con pocos kilómetros que superaron ampliamente esa barrera, y otros con pasado en pista o con dueños famosos que agregan un plus difícil de medir.
El concepto de originalidad es clave en este segmento. Los coleccionistas buscan «matching numbers», es decir, que el motor y la carrocería correspondan a los números de fábrica, y que el auto conserve sus componentes originales. También importa la procedencia: un F40 con historia documentada, dueños conocidos y mantenimiento impecable vale bastante más que uno con intervenciones o restauraciones dudosas.
La producción de 1.311 unidades, alta para un superdeportivo de los 80, hace que el F40 no sea imposible de ver en eventos y exhibiciones. Pero eso no le quitó valor. Al contrario: el hecho de que sea el último Ferrari de Enzo lo convierte en una reliquia con carga histórica que ninguna otra marca puede replicar.
Un gesto que va más allá de la plata
La compra de Hamilton no es un capricho de millonario con gusto por los autos rápidos. Es la compra de un símbolo, y el timing lo dice todo: el piloto que construyó su leyenda en Mercedes, el rival histórico de Ferrari durante más de una década, ahora es dueño de la pieza más sagrada que produce Maranello. El F40 no es solo un superdeportivo de los 80: es la prueba de que Enzo Ferrari entendía la velocidad como una forma de arte.
Para Hamilton, tener ese auto en su casa es tener un pedazo de la historia que ahora defiende. Es también una forma de decir que su vínculo con Ferrari no es un trámite profesional, sino una decisión emocional. Y para los fanáticos de la Scuderia, que el piloto más ganador de la historia haya elegido justamente el F40 como su tesoro personal es una señal de que entiende lo que significa vestir de rojo.
El F40 fue el último auto que Enzo Ferrari aprobó antes de morir. Ahora es el auto que Lewis Hamilton eligió para escribir su propia página en la historia de Maranello. La leyenda, otra vez, cambió de garaje.