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Lewis Hamilton llegó al GP de Monza con su Ferrari restaurada y sorprendió con su look

Que Hamilton haya elegido ese modelo, y no una pieza moderna de la colección actual de Ferrari, dice bastante de cómo entiende su paso por la Scuderia.

Lewis Hamilton llegó al GP de Monza con su Ferrari restaurada y sorprendió con su look

El F40 fue el último gran proyecto que Enzo Ferrari supervisó de punta a punta. Nació en 1987 con un V8 biturbo de 478 CV, 324 km/h de velocidad máxima y una tirada de 1.311 unidades que hoy se pelean los coleccionistas. Uno de esos autos, restaurado en Maranello y propiedad de Lewis Hamilton, protagonizó la previa del Gran Premio de Italia: el siete veces campeón bajó del F40 y el paddock entero se dio vuelta.

El hallazgo que destapó tres décadas de polvo

El F40 que Hamilton manejó en Monza no salió de un concesionario ni de una colección privada impecable. La unidad estuvo detenida durante más de tres décadas en un garaje hasta que el británico la encontró. Y tomó la decisión más lógica para alguien que vive de la velocidad: no dejarla como adorno, sino devolverle la vida.

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La restauración se hizo en la propia fábrica de Ferrari. No hubo restomod, no se modernizaron componentes, no se buscó la última tecnología: la consigna fue que el auto volviera a rodar con los estándares originales de la casa. El resultado quedó a la vista en Monza, con el rojo impecable y el número 44 que Hamilton usa hace años en la Fórmula 1.

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«Mi propio F40. Este es el coche de mis sueños y lo ha sido desde que tengo uso de razón», escribió el siete veces campeón en sus redes. La frase no necesitó más explicaciones.

Un V8 biturbo que le ganó la pulseada a Porsche

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Para dimensionar la escena hay que repasar qué significaba un F40 en 1987. Ferrari lo lanzó para celebrar sus 40 años de historia y lo fabricó hasta 1992. Bajo el capó escondía un V8 biturbo de 2.9 litros que desarrollaba 478 CV a 7.000 vueltas, empujaba el auto hasta 324 km/h y le permitía hacer el 0 a 100 km/h en 4,1 segundos.

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Con esos números, el F40 le arrebató al Porsche 959 la corona del auto de producción más rápido del mundo. Fue el primer modelo de calle en superar las 200 millas por hora (322 km/h) y, para lograrlo, Ferrari trasladó a un vehículo legal tecnologías que usaba en la Fórmula 1: kevlar, fibra de carbono y aluminio.

El auto no tenía ABS, ni dirección asistida, ni alfombras: el equipamiento era apenas lo indispensable para ir rápido. Era un auto de carreras con patente, y así debe leerse también su vínculo con Enzo Ferrari. El fundador supervisó el proyecto, vio nacer al modelo en 1987 y murió el 14 de agosto de 1988, un año después del debut, sin verlo ganar en pista.

La restauración en Maranello y el negocio del coleccionismo

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Que el F40 de Hamilton haya vuelto a rugir después de la restauración no es un hecho aislado. Ferrari mantiene un área específica para la restauración y certificación de sus modelos clásicos, un servicio que los coleccionistas de todo el mundo buscan porque funciona como aval de originalidad. Un auto restaurado por la propia casa deja de ser un clásico más: sale con un aval de originalidad que solo puede firmar la fábrica.

En el mercado internacional del coleccionismo, el F40 es uno de los modelos más buscados. Las unidades bien conservadas se cotizan en subastas por valores que multiplican varias veces el precio que tuvieron cuando eran nuevas. Una unidad con procedencia de un piloto de la escudería y restaurada en Maranello entra, directamente, en otra liga.

Para Ferrari, además, tener al piloto más ganador de la F1 manejando uno de sus clásicos frente a los tifosi no se paga con pauta publicitaria. Es de las pocas imágenes capaces de competir con un triunfo en pista.

Monza, la previa que Hamilton convirtió en una pasarela

La escena no se completaba solo con el auto. Hamilton bajó del F40 con traje negro, corbata, gafas de sol vintage, boina y un abrigo beige colgado sobre los hombros. Una combinación que mezclaba el dandi inglés con un guiño italiano, y que en el paddock moderno funcionó como un imán de cámaras.

La cuenta oficial de la F1 difundió las fotos y los comentarios no tardaron en llenarse de «Aura», «GOAT» y «il Signore Ferrari». No es un detalle menor: Monza es el circuito donde la presión de los tifosi se siente más fuerte. Hamilton ya los tiene de su lado, y esta entrada fue una declaración de principios mucho más ruidosa que cualquier motor de la grilla.

El antecedente estaba en su presentación oficial como piloto de Ferrari. En esa ocasión, Hamilton posó junto a un F40 en Maranello y el auto funcionó como símbolo del nuevo comienzo: el siete veces campeón que dejaba Mercedes para vestirse de rojo.

Esta vez el F40 era suyo. No fue un préstamo de la marca para la ocasión ni una pieza de atrezo para la foto: salió de su propio garaje, se restauró en la fábrica y volvió a la calle después de tres décadas dormido.

El último proyecto de Enzo, en manos del inglés

La misma fábrica que lo construyó lo devolvió a la vida para que lo manejara un inglés que, de chico, soñaba con tenerlo. En Monza, el círculo se cerró frente a los tifosi: el auto que dormía en un garaje volvió a rugir donde mejor se celebra al Cavallino.