650 CV y fibra de carbono: el Pontiac GTO que esconde un Tempest 1965 ensanchado 5 pulgadas
SEMA abrió sus puertas el 2 de noviembre en Las Vegas y Billie es una de las presentaciones que más conversación genera dentro del segmento de personalización y aftermarket.

En el stand de Ringbrothers en SEMA 2026, Las Vegas, hay un Pontiac que no es lo que parece. Se llama Billie y roba miradas con su silueta de muscle car de los 60, un motor sobrealimentado de 650 caballos y paneles de fibra de carbono. La contradicción está en el origen: no salió de fábrica como GTO, sino como un Pontiac Tempest 1965.
El Tempest que se convirtió en homenaje

Ringbrothers, el taller de Wisconsin que comandan los hermanos Jim y Mike Ring, recibió un encargo con carga emocional. Un cliente quería homenajear al Pontiac GTO que había sido de su madre. El punto de partida no fue un GTO original, sino un Tempest 1965.

La elección tiene lógica histórica. En 1965, el GTO no se comercializaba como un modelo independiente: era el paquete de altas prestaciones que Pontiac ofrecía sobre la plataforma del Tempest. Arrancar con un Tempest es, en cierto modo, volver al origen de la leyenda. El apodo «Billie» fue elegido por el propio cliente como tributo familiar.
Ensanchada 5 pulgadas y vestida de carbono
El proyecto no es una restauración tradicional. Es un restomod, la disciplina que combina la estética original de un clásico con componentes modernos de motor, caja, frenos y materiales. En este caso, la carrocería fue ensanchada cinco pulgadas para lograr una postura más agresiva y dar cabida a un tren rodante sobredimensionado.

Varios paneles de chapa fueron reemplazados por piezas de fibra de carbono: el capó, las puertas y las secciones bajas de los paragolpes delantero y trasero. El material compuesto reduce peso respecto del acero y suma rigidez. Además, el contraste entre la pintura de la carrocería y la fibra expuesta es una marca registrada de los builds de alto presupuesto.
Corazón de Corvette en un clásico
Bajo el capó de carbono va un LT4 V8 sobrealimentado de 6.2 litros. Es el mismo bloque que General Motors utiliza en configuraciones de fábrica del Corvette y del Camaro. En Billie entrega 650 caballos, una cifra impensable para un Pontiac de los 60 con motor original.

La transmisión es automática de 10 marchas, con tracción trasera. Nada de la caja de cuatro marchas de época: una unidad moderna con más relaciones para aprovechar el torque del sobrealimentado y civilizar el andar en ruta. El conjunto mecánico es, básicamente, el de un deportivo actual escondido bajo una silueta de colección.
SEMA 2026: la vidriera del restomod de elite
SEMA abrió sus puertas el 2 de noviembre en Las Vegas y Billie es una de las presentaciones que más conversación genera dentro del segmento de personalización y aftermarket. La feria funciona como escenario donde los talleres de elite muestran hasta dónde se puede empujar un clásico sin traicionar su identidad visual.
Ringbrothers ya tiene historial en este tipo de exposiciones con builds extremas pensadas para el show. Billie encaja en esa filosofía: las líneas de los 60 se mantienen intactas a la vista, pero el motor, la caja y los materiales son de última generación.
Restomod de alto presupuesto: reimaginar antes que restaurar
El proyecto es una unidad encargada por un cliente. No se informaron planes de producción en serie ni de venta al público, algo habitual en trabajos a medida que demandan cientos de horas de taller y presupuestos que superan largamente el valor de un clásico original en buen estado.
Lo que Billie deja en claro es hacia dónde se mueve el negocio de los muscle cars clásicos. Restaurar ya no alcanza: el valor está en reimaginar, en conservar la cáscara y reemplazar todo lo que define el manejo, la potencia y la confiabilidad. El resultado es un Pontiac que se ve de colección pero acelera como un deportivo contemporáneo, con nombre propio y una historia familiar detrás.
