Los V10 y V8 de Schumacher volvieron a rugir en Mugello: 850 CV y el sonido que la F1 perdió
En el parque hubo F1 de los años setenta, ochenta, noventa y dos mil, además de sport prototipos, GT y turismos históricos que completaron la grilla.

El estreno del Gran Premio d’Italia Storico transformó al autódromo del Mugello en una máquina del tiempo. Más de 200 autos históricos y alrededor de 70 Fórmulas 1 de distintas épocas giraron en el trazado toscano, con un homenaje que concentró todas las miradas: la década 1996-2006 de Ferrari, la era Michael Schumacher, desplegada en pista de punta a punta.
No hizo falta ser fanático de la Scuderia para que se te pusiera la piel de gallina. El evento, organizado por HVM Racing (la misma sociedad francesa que lleva adelante el Grand Prix de France Historique en Paul Ricard), contó con el patrocinio del Automobile Club d’Italia y reunió un parque pocas veces visto.
El escenario: una máquina del tiempo en la Toscana
Mugello no es un escenario neutral. Es un trazado técnico, rápido y propiedad de Ferrari desde 1988, utilizado históricamente para pruebas de la Scuderia. El debut del Italia Storico encontró ahí un anfitrión perfecto.

En el parque hubo F1 de los años setenta, ochenta, noventa y dos mil, además de sport prototipos, GT y turismos históricos que completaron la grilla. Alrededor de 70 monoplazas de la máxima categoría volvieron a acelerar con sus motores originales, una postal difícil de repetir incluso en los festivales más importantes de Europa.
De V12 a V8: diez años de evolución en una sola parrilla
El eje central del Gran Premio d’Italia Storico fue el homenaje a Ferrari y, en particular, al ciclo 1996-2006. Sobre el asfalto de Mugello desfilaron todas las monopostos de esa década: desde la 412 T2 de 1995 hasta la 248 F1 de 2006.
Esa selección permite ver en acción una transformación técnica monumental. La 412 T2, el último V12 de la era previa al desembarco de Schumacher, representa el cierre de una configuración que había dominado la F1 durante los años noventa. Del otro lado, la 248 F1 materializa el salto a los motores V8 aspirados, con una aerodinámica mucho más trabajada, electrónica avanzada y neumáticos completamente distintos.
El cambio no fue solo de motor. La aerodinámica pasó de formas anchas y simples a perfiles mucho más elaborados, con alerones trabajados y difusores. La electrónica, que en los noventa apenas daba los primeros pasos en control de tracción y cambios semiautomáticos, pasó a dominar la puesta a punto. Los neumáticos también acompañaron la transformación, con medidas y compuestos que hicieron cada vez más exigente el trabajo del piloto.

En el medio quedaron los V10 que marcaron la época dorada del alemán en Maranello. Schumacher y Ferrari construyeron entre 2000 y 2004 una hegemonía brutal: cinco títulos consecutivos de pilotos que transformaron a la Scuderia en referencia absoluta.
Los pilotos que pusieron el cuerpo
No se trató solo de autos en exposición. Giancarlo Fisichella, Eddie Irvine, Luca Badoer, Nicola Larini y Mika Salo se subieron a las máquinas y giraron en pista. Algunos de ellos fueron protagonistas directos de aquella era, ya sea como titulares o como pilotos de pruebas.
Verlos a bordo de los mismos chasis que supieron manejar hace más de dos décadas le dio al evento un valor agregado imposible de replicar. Larini y Badoer, fieles al desarrollo de Ferrari durante años, volvieron a sentir el empuje de autos que conocen de memoria. El público italiano, conocedor y exigente, respondió con un nivel de emoción que excedió a la simple nostalgia.
Arnoux, la 312 T3 y el duelo que no se apaga
Otro de los momentos fuertes llegó cuando la Ferrari 312 T3 de 1978 volvió a girar en Mugello con René Arnoux al volante. Se trata del auto que perteneció a Gilles Villeneuve y que forma parte de la colección del propietario de UFI Filters.
La Ferrari 312 T3, con su clásico color rojo y su alerón característico de los años 70, fue una de las piezas más fotografiadas del fin de semana. La imagen inevitablemente remitió al Gran Premio de Francia de 1979, en Dijon, donde Villeneuve y Arnoux protagonizaron una batalla rueda a rueda por el segundo puesto que todavía se considera una de las más intensas de la historia de la Fórmula 1.
Cuatro décadas después, Arnoux se reencontró con una Ferrari de Villeneuve y la historia se puso en marcha.
La F1 histórica incomoda a la actual
El Gran Premio d’Italia Storico debutó con una propuesta que excede la exhibición de autos viejos. Volvió a poner en marcha máquinas que normalmente solo se ven estáticas en museos o colecciones, y lo hizo con un objetivo claro: recuperar un motorsport más mecánico, ruidoso y analógico.
Frente al espectáculo cada vez más pulido y digital de la F1 moderna, la presencia de estos V12 y V8 aspirados sonó como una declaración de principios. El olor a nafta, la goma caliente, el embrague accionado a mano, los motores que aullan sin filtros: todo eso volvió a estar vivo en la Toscana.
Mugello no solo homenajeó a Schumacher y a Villeneuve. Demostró que el historic racing es la única forma de volver a escuchar una F1 que, en la actualidad, ya no existe.
