El 83% de los robos al transporte de mercadería afecta a utilitarios y camionetas de reparto
Un contenido de Sebastián Cason, Presidente de CASEL, Cámara Argentina de Seguridad Electrónica, advierte que el robo al transporte de carga afecta casi en su totalidad a los vehículos utilitarios.

El crecimiento del comercio electrónico cambió el riesgo logístico en Argentina y la mayor presión del delito ya cae sobre los vehículos utilitarios, las camionetas de reparto y las operaciones de última milla. Sobre 4490 robos a transporte de mercadería registrados en 12 meses, el 83% impactó en unidades livianas y apenas el 17% en camiones de gran porte.
La información se desprende del contenido difundido por Sebastián Cason, Presidente de CASEL, Cámara Argentina de Seguridad Electrónica, quien advierte sobre la importancia de proteger toda la cadena logística y no solo los depósitos o centros de distribución. El foco está puesto en las herramientas disponibles para prevenir robos, detectar riesgos a tiempo y controlar qué ocurre durante cada recorrido.
El dato central es claro: el delito se movió hacia la vía pública. Durante años, muchas empresas concentraron recursos en seguridad perimetral, control de accesos y monitoreo fijo en plantas o centros logísticos. Ese esquema quedó corto frente a una operación más fragmentada, con más paradas, entregas domiciliarias y diversos modelos circulando en zonas urbanas.
El Estudio Anual 2025 de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico indica que en el último año se registraron 253 millones de órdenes de compra, con 645 millones de productos vendidos. Además, el 59% de las entregas se realizó directamente a domicilio. Ese volumen explica por qué los comestibles concentran el 38% de los robos y la paquetería urbana, el 24.

El AMBA aparece como la zona más expuesta. Según los datos citados por CASEL, el 52% de los casos se registra en la provincia de Buenos Aires y cerca del 20 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El resto se reparte entre distintas provincias del interior, con niveles de exposición asociados a rutas, accesos urbanos y corredores de distribución.
Cason plantea que la respuesta ya no puede depender de escoltas dedicadas o presencia física masiva, porque ese modelo resulta inviable para la logística capilar. La protección empieza a incorporar tecnología instalada en el vehículo: rastreo satelital, videovigilancia móvil, sensores, cerraduras electromecánicas, geocercas dinámicas, telemática, conectividad vehicular e inteligencia artificial.
Rastreo satelital y otras tecnologías indispensables
El rastreo satelital sigue siendo una herramienta útil, pero conocer la ubicación de una unidad alcanza cada vez menos. Las empresas necesitan saber si hubo una detención fuera de ruta, si se abrió una puerta en un punto no autorizado, si el conductor está bajo una situación de riesgo o si una maniobra anticipa un robo. Ahí entran las cámaras embarcadas con analítica en el borde, también conocidas como Edge AI.
La tecnología apunta a cubrir los momentos más vulnerables del recorrido. El 54% de los robos se concreta durante operaciones de carga y descarga. Otro 27 ocurre en semáforos o detenciones eventuales. Concretamente más de ocho de cada diez hechos se producen cuando el vehículo está detenido o con baja capacidad de reacción.

Las cámaras embarcadas, combinadas con sensores y algoritmos, permiten analizar imágenes y datos en tiempo real. Asimismo, pueden detectar desvíos, paradas no previstas, aperturas de puertas, distracciones del conductor o situaciones fuera de los parámetros definidos por la empresa, como así también enviar alertas al centro de monitoreo para activar un protocolo antes de que el hecho avance.
El avance de los vehículos conectados acompaña esta tendencia. Según estimaciones citadas por CASEL y CERSAT, entre el 15 y el 20% del parque automotor argentino estará conectado hacia 2030. Esa conectividad abre espacio para integrar flotas, plataformas de monitoreo, cámaras, sensores y centros de respuesta públicos o privados.
Para que esa adopción crezca, el sector necesita reglas claras sobre videovigilancia móvil y privacidad, financiamiento accesible para PyMEs, capacitación técnica para instaladores y operadores, interoperabilidad entre dispositivos y criterios de homologación para equipos y servicios. Todo esto acompañado de buenas prácticas operativas, porque una cámara mal instalada o un sensor sin mantenimiento pierde valor en el momento más crítico.
El mercado global acompaña esa demanda. Según Mordor Intelligence, los sistemas de videovigilancia alcanzaron los USD 64790 millones en 2025 y llegarían a 71650 millones en 2026. La proyección hacia 2031 es de 118.830, con mayor adopción de 4G, 5G, sensores inteligentes e IA aplicada al transporte, la logística urbana y los vehículos particulares.
La seguridad logística argentina tiene una prioridad concreta: proteger el recorrido completo, desde la carga hasta la entrega final. Para una flota de utilitarios, el próximo paso práctico es auditar rutas, paradas, aperturas, tiempos de descarga y eventos críticos, y definir qué combinación de rastreo, cámaras, sensores y alertas cubre mejor esos puntos de riesgo.

