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El 4×4 cordobés que MotorTrend metió entre los mejores de la historia. Su heredero también

En 1957, en una fábrica de Santa Isabel, Córdoba, Industrias Kaiser Argentina empezó a producir el Willys CJ-3B con un nombre que se volvería leyenda: IKA Estanciera. Sesenta años después, MotorTrend armó su lista de los 16 mejores 4×4 de todos los tiempos. Y ahí está: el Willys CJ, el Jeep original, el que nació en la Segunda Guerra Mundial y después se fabricó en Córdoba durante dos décadas. Pero la lista tiene un bonus track que pocos notaron: el Jeep Wrangler también está. Padre e hijo, en el mismo Olimpo off-road.

La lista que puso a Córdoba en el mapa off-road mundial

La revista publicó «The 16 Best Off-Road Vehicles of All Time» y el criterio fue demoledor: solo entraron vehículos que realmente cambiaron la historia del off-road. La lista incluye bestias como el Toyota Land Cruiser, el Land Rover Defender, la Mercedes-Benz G-Wagen y el Ford Bronco. Entre todos ellos, el Willys Jeep CJ.

Lo que la revista no cuenta es que ese mismo CJ se fabricó en Córdoba entre 1957 y 1977 con otro nombre: IKA Estanciera. Más de 80.000 unidades salieron de Santa Isabel. Fue la primera camioneta 4×4 fabricada en Argentina. El campo argentino se motorizó con esto: médico rural, estanciero, vialidad, ejército. De La Pampa a Salta, no había camino que no enfrentara.

La lista también incluye al Jeep Wrangler, el heredero directo del CJ. Y la versión más moderna de todas —el Wrangler 4xe híbrido enchufable— ya se vende en Argentina. De Córdoba a Detroit. De 75 HP nafteros a 375 HP híbridos. Del campo a la Patagonia. Estos son los 5 saltos que cambiaron todo.

Salto #1: La tracción que pasó de palanca a inteligencia artificial

El Willys CJ (y la Estanciera) usaban una caja de transferencia Dana 18 con palanca manual. Dos posiciones: 4×2 atrás, o 4×4 con las ruedas bloqueadas. Te patinabas en barro y rezabas que alguien pase con una soga.

El Wrangler 4xe tiene Selec-Terrain: una perilla con modos Auto, Barro, Nieve, Arena y Roca. El vehículo reparte torque entre ejes y ruedas en milisegundos. Ni siquiera necesitás saber qué estás pisando: la electrónica lee la superficie y ajusta todo sola.

Dato argentino: en la Patagonia este salto es día y noche. Picadas de tierra suelta en Chubut, arena volcánica en Neuquén, hielo negro en Tierra del Fuego. Lo que antes requería un tipo con 20 años de oficio, hoy lo resuelve una computadora.

Salto #2: De 75 HP a 375 HP híbridos (y sin gastar una gota en la city)

El motor Hurricane F-134 de la Estanciera: 75 caballos, 4 cilindros, naftero, atmosférico. Consumo de 5 km por litro en ruta si había viento a favor. Velocidad máxima 100 km/h bajando una loma.

El Wrangler 4xe combina un 2.0 turbo naftero con dos motores eléctricos. Total: 375 HP y 637 Nm de torque combinado —más torque que un Corvette Stingray—. Y la magia: 40 km en modo 100% eléctrico. En ciudad, vas y volvés del laburo sin quemar nafta.

Dato argentino: el 4xe ya está en los concesionarios Jeep del país. Con el precio de la nafta y las ganas de off-road sin culpa ambiental, este bicho le habla a un comprador nuevo: el que trepa un médano el finde y el lunes va a la oficina en silencio eléctrico.

Salto #3: De las ballestas que te sacudían hasta los dientes a una suspensión que lee el terreno

La Estanciera usaba ballestas semielípticas en las cuatro ruedas. Arriba de ripio, los ocupantes rebotaban como pochoclos. El confort no era opción: era supervivencia.

El Wrangler JL (base del 4xe) tiene suspensión delantera independiente y trasera multilink de cinco brazos, con amortiguadores adaptativos. No es solo confort: es control. En una pendiente lateral a 35 grados en la Cordillera, las ruedas quedan pegadas al piso en vez de rebotar hacia el precipicio.

Dato argentino: la Ruta 40 sin asfaltar entre El Chaltén y El Calafate, o los caminos de ripio de la Quebrada de Humahuaca. Esas rutas las sufría una Estanciera y las disfruta un Wrangler moderno.

Salto #4: Cero airbags, cero asistencias → una fortaleza con radares

La Estanciera: sin cinturón, sin airbags, frenos a tambor en las cuatro ruedas. Si te pasaba algo, te pasaba.

El Wrangler 4xe trae control de estabilidad, Hill Descent Control, cámara off-road frontal, control de crucero adaptativo, frenado autónomo de emergencia y detector de punto ciego. El Hill Descent Control te baja una pendiente de 40 grados frenando cada rueda individualmente a la velocidad que vos le pongas. Lo que antes requería dos pies y pulso de cirujano, lo hace solo.

Dato argentino: las bajadas de montaña en Mendoza, San Juan, las huellas mineras en Catamarca. El control de descenso no es un chiche para el mall de Miami: acá se usa en serio.

Salto #5: De herramienta de trabajo rural a ícono cultural

Este es el salto menos técnico pero el más argentino. La Estanciera era una herramienta. En el campo argentino de los 60 y 70, tener una era como tener un tractor: trabajaba. No había aspiraciones —había necesidades—.

El Wrangler 4xe es otra cosa: un statement. Se ve en la Patagonia, en Ushuaia, en el Garrahan de Córdoba, en los valles calchaquíes. Lo compra el empresario que quiere off-road de verdad pero también enchufarlo en el country. El tipo que se va al sur con la familia y precisa algo que no lo deje tirado en el Paso Garibaldi nevado.

La Estanciera motorizó el campo argentino del siglo XX. El Wrangler 4xe motoriza el off-road argentino del siglo XXI. Setenta años de diferencia, una misma idea: no hay camino que no se pueda hacer.

El círculo que cierra en Argentina

Hay 16 vehículos en la lista. Solo dos comparten sangre: el Willys CJ y el Jeep Wrangler. Y solo uno de esos dos se fabricó en Argentina.

Argentina no fue testigo de estos saltos: los protagonizó. Fabricando el CJ en Córdoba, consumiendo off-road como nadie en la región, y recibiendo de primera mano al Wrangler híbrido que apunta al futuro. El próximo 4xe que veas en la Ruta 40 es, en línea directa, el tataranieto de la Estanciera que salió de Santa Isabel. Y esa línea pasa por el campo argentino, por cinco revoluciones técnicas, y por una lista que tardó 70 años en escribir.