noticias |

Ford F-100 1956 con V8 Coyote soplado: 800 CV, cuatro veces los 200 de fábrica

La transmisión también es contemporánea: una automática Ford de 10 velocidades, conocida internamente como 10R80, la misma que usan la F-150, la Ranger y el Mustang.

[Sassy_Social_Share]

Ford F-100 1956 con V8 Coyote soplado: 800 CV, cuatro veces los 200 de fábrica

Fat Fender Garage llevó al SEMA Show 2026 una camioneta que contradice su propia historia: la GT/FX conserva la chapa de una F-100 1956, pero reemplaza chasis, motor y transmisión por componentes modernos. Con un V8 Coyote sobrealimentado y una caja de diez marchas, declara 800 HP.

La base: una F-100 «fat fender» de segunda generación

ford f 100 1956 con v8 coyote soplado 80

La Ford F-100 de 1956 pertenece a la segunda generación de la Serie F, fabricada entre 1953 y 1956. Su apodo «fat fender» viene de los guardabarros anchos y prominentes que definieron el diseño de las camionetas Ford de fines de los 40 y los 50. Es una de las bases más elegidas para proyectos restomod, y este ejemplar no es una restauración de fábrica.

Los autos, directo en tu teléfono

Marcá a Autotest como fuente preferida. Un toque, gratis, y te aparecemos primero.

Seguir en Google

ford f 100 1956 con v8 coyote soplado 80 1

Imagen relacionadaTe puede interesar:Ford vs Toyota: la Territory superó a Corolla Cross y es el SUV híbrido más vendido›

El taller Fat Fender Garage, con sede en Arizona, tomó la carrocería clásica y descartó casi todo lo demás. El chasis original se reemplazó por uno nuevo, sin detalles de geometría ni fabricante. La carrocería conserva las líneas icónicas, pero con altura reducida, llantas anchas y una postura mucho más agresiva.

Motor Coyote sobrealimentado: de 200 a 800 caballos

Bajo el capó ya no hay ni el seis cilindros en línea ni el V8 Y-block que ofrecía la F-100 en 1956. En su lugar va un Ford Coyote V8 de 5.0 litros, el mismo impulsor moderno que equipan el Mustang GT y la F-150 actuales. La diferencia es que acá llega con un compresor Whipple de 3.0 litros, un sobrealimentador volumétrico tipo twin-screw que entrega respuesta casi inmediata desde bajas vueltas.

ford f 100 1956 con v8 coyote soplado 80 2

Con esa combinación, el taller declara 800 HP. Son cuatro veces la potencia de fábrica más generosa de la época. No se informaron cifras de torque, peso total, tiempos de aceleración ni velocidad máxima, pero el salto prestacional es evidente.

Chasis, caja y un guiño al Shelby GT350

La transmisión también es contemporánea: una automática Ford de 10 velocidades, conocida internamente como 10R80, la misma que usan la F-150, la Ranger y el Mustang. Sus diez marchas permiten relaciones cortas para acelerar sin sacrificar el confort de crucero, y está diseñada para soportar alto torque.

En la parte trasera aparece otro detalle que mezcla ADN de auto deportivo con carrocería de trabajo: un difusor derivado del Ford Mustang Shelby GT350. Originalmente pensado para gestionar el flujo de aire bajo el auto, en esta pickup puede cumplir una función estética o aerodinámica según la integración, pero refuerza la intención del proyecto.

El interior no se quedó atrás. Las butacas individuales de cuero, el panel rediseñado y el volante moderno contrastan con la chapa clásica. El habitáculo muestra la misma lógica del resto de la GT/FX: conservar la silueta vintage, pero borrar cualquier limitación de confort o seguridad de los años 50.

Un restomod que discute la esencia de la pickup clásica

La GT/FX no es un caso aislado. El restomod dejó de ser exclusivo de muscle cars y autos deportivos: las pickups clásicas se convirtieron en plataformas de alto impacto visual y técnico. La integración de un V8 Coyote sobrealimentado, una caja de diez marchas y un difusor de Shelby GT350 convierte a esta F-100 en un proyecto de alta complejidad, pensado para exhibir las capacidades del taller en SEMA.

Con 800 caballos, la pregunta que sobrevuela es cuánto le queda de F-100 a una F-100 con chasis nuevo, motor nuevo y caja nueva. La respuesta de Fat Fender Garage parece ser que la chapa alcanza para mantener la identidad, mientras todo lo demás se adapta a las prestaciones de un auto deportivo moderno.