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Del Countach al Veyron: 7 autos deportivos icónicos que llegaron a 1.001 CV de fábrica

La categoría Group B del rally mundial duró apenas cuatro temporadas, de 1982 a 1986, y dejó criaturas que todavía hoy definen la idea de auto extremo.

Del Countach al Veyron: 7 autos deportivos icónicos que llegaron a 1.001 CV de fábrica

En 1974, el Lamborghini Countach LP400 declaró 375 caballos y parecía una nave espacial. Casi medio siglo después, el Aston Martin Valkyrie giró su V12 a 11.100 rpm y superó los 1.176 CV. No hacían falta 1.000 caballos para ser salvaje: en los autos deportivos, la locura siempre fue otra.

El germen de la locura: homologaciones y Group B

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La categoría Group B del rally mundial duró apenas cuatro temporadas, de 1982 a 1986, y dejó criaturas que todavía hoy definen la idea de auto extremo. Para competir, las marcas debían vender versiones de calle en cantidades mínimas. Ese requisito, llamado homologación especial, explica buena parte de lo que vino después.

El Lancia Stratos HF Stradale de 1973 es el ejemplo perfecto. Usaba un V6 2.4 de Ferrari Dino, entregaba apenas 190 CV y pesaba menos de 1.000 kilos. La relación peso-potencia era de unos 5,2 kilos por caballo: cada CV movía poco más de cinco kilos. Sobre esa base, Lancia ganó el Mundial de Rally de Marcas en 1974, 1975 y 1976. No necesitaba 1.000 CV: su carrocería corta y su peso lo hicieron letal.

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El Audi Sport Quattro S1 E2 de 1985 llevó la tracción integral al extremo. Con un cinco cilindros 2.1 turbo de unos 470 CV, se convirtió en el ícono del Group B. Fue una de las últimas versiones antes de que la categoría se prohibiera por los accidentes de la temporada 1986.

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El Porsche 917/30 Can-Am de 1973 fue otro escalón. Su bóxer de 12 cilindros y 5.4 litros con doble turbo entregaba entre 1.100 y 1.580 CV según el soplado. Nació para la serie Can-Am, sin ataduras de homologación. En la época, era una bestia sin comparación en el automovilismo mundial.

La cuña del Countach y el récord que duró una década

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Tenés que entender el contexto de 1974. El Lamborghini Countach LP400 rompió con todo: diseño en cuña de Marcello Gandini, puertas de tijera y un V12 3.9 aspirado de 375 CV. Tracción trasera y una postura de manejo incómoda. No fue el más potente, pero definió la estética del superdeportivo italiano para siempre.

En 1987, Ferrari lanzó la F40 para celebrar sus 40 años. V8 biturbo 2.9, 478 CV y un peso de 1.100 kilos. La velocidad máxima declarada de 324 km/h era un escándalo para un auto de calle. Fue el último Ferrari aprobado por Enzo Ferrari y uno de los primeros en usar turbo en la marca. Pensá en un V8 biturbo en un chasis de 1.100 kilos: la respuesta era inmediata y sin filtros.

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El McLaren F1 de 1992 puso el techo de velocidad. Su V12 aspirado de 6.1 litros firmado por BMW entregaba 627 CV. Alcanzó 386 km/h y mantuvo el récord de auto de producción por más de una década. Tenía el conductor sentado en el centro y fibra de carbono en todo el chasis. El asiento central no era capricho: le daba al piloto la misma referencia visual que un monoplaza.

La barrera de los 1.000 CV y el músculo americano

El Bugatti Veyron 16.4 de 2005 fue el primero en romper la barrera de los 1.000 CV en un auto de serie. W16 de 8.0 litros con cuatro turbos, 1.001 caballos y 407 km/h de velocidad máxima. La versión Super Sport llevó la marca a 431 km/h. Para sostener semejante potencia hizo falta un tren de potencia con diez radiadores. Dejó de ser un auto para convertirse en una declaración de poder.

El Koenigsegg Agera RS de 2017 mostró que la potencia podía convivir con la velocidad. Con un V8 biturbo 5.0 y unos 1.360 CV con E85, promedió 447 km/h en una ruta de Nevada. En la pasada más rápida marcó 457 km/h. Ahí quedó claro que el hypercar ya era otra categoría, no un superdeportivo.

El Dodge Challenger SRT Demon de 2018 llevó el músculo americano a otro planeta. V8 6.2 supercargado, 840 CV con combustible de 100 octanos. Aceleró de 0 a 100 km/h en 2.3 segundos y se volvió viral por levantar las ruedas delanteras en cada arrancada. El torque en baja era tan brutal que Dodge incluyó un transbrake para lanzadas de pique. Un muscle car de calle con reacciones de dragster.

El Valkyrie, un Fórmula 1 con patente

El Aston Martin Valkyrie de 2021 es la síntesis de todo lo anterior. Tiene un V12 6.5 aspirado de Cosworth que gira a 11.100 rpm, asistido por un sistema híbrido. La potencia total supera los 1.176 CV. La aerodinámica derivada de Red Bull Racing genera carga aerodinámica para pegarlo al piso en curvas. No es un V12 de calle común: es un motor de competición que exige un mantenimiento de competición.

Es el resultado lógico de una escalada que empezó con el Countach. Del V12 aspirado de 375 CV al híbrido de más de 1.100, cada década aportó su propia definición de exceso. El Countach fue ruptura visual, el Ferrari F40 batalla turbo, el Bugatti Veyron barrera de los 1.000 CV y el Aston Martin Valkyrie aerodinámica de Fórmula 1.