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Carlos Figueras y su vuelta con Fangio en Nürburgring

Nuestro director nos relata una jornada inolvidable: el día que el Chueco Fangio lo llevó en un Mercedes-Benz Clase S a dar una vuelta por el mítico circuito alemán.

Agosto 1969. Fui enviado a cubrir la Misión Argentina en las 84 Horas de Nürburgring. Volé desde Buenos Aires junto a la delegación (pilotos, mecánicos y autoridades). Llegamos al hotel que está en el mismo circuito unos diez días antes del comienzo de la prueba.

Por supuesto, no había mucho que hacer, los pilotos recorrían el circuito para desentrañar los secretos de las cientos de curvas del trazado de 28 kilómetros del Nordchleife. En mi caso, me pasaba gran parte del día dando vueltas con mi Opel Kadett LS gastando caucho junto a mi amigo Mono Pisani que viajaba por su cuenta de colado en el mismo vuelo. Muchos días de lluvia fina, de esa que no termina nunca, nos obligaba a interminables partidos de truco. Uno de los días en que asomó el sol estábamos en los boxes junto al Mono y Tata Ecker, amigo de Jorge Cupeiro y que era el único que hablaba en alemán. Fangio, pasó al lado nuestro y se quedó charlando con el grupo. Cuando llegamos a Europa en el aeropuerto lo esperaba gente de Mercedes-Benz para entregarle las llaves de un flamante Clase S con motor V8 de 6.3 litros.

Sin previo aviso nos dijo: “Muchachos, quieren dar una vuelta al circuito”. Salimos corriendo cual malón para sentarnos en el Mercedes y disfrutar del manejo del Chueco en el circuito que en 1957 ganó la carrera más importante de su vida con la Maserati 250F superando sobre el final a las Ferraris de Hawthorn y Collins bajando los records vuelta tras vuelta.

Salimos de boxes, tomamos la primera curva que era una horquilla que desembocaba en una recta larga que pasaba por la parte trasera de los boxes. Ahí comenzaron las primeras emociones. Fangio manejaba con una soltura impresionante tomando curvas a 180 km/h mientras nos iba relatando anticipadamente lo que venía: Ahora vamos a tomar una curva a la derecha engañosa que empieza amplia y se cierra en la mitad, luego viene una lomada que es a fondo y después una a la izquierda más lenta y una recta larga”. Se adelantaba a lo que pocos segundos después pasaría ante nuestros ojos como una película. Recordaba cada metro de memoria doce años más tarde. El volante lo tomaba con una suavidad increíble, lo acariciaba y superaba curvas a 200 km/h mientras nos seguía contando lo que venía.

A la altura de la curva del puente de Adenau bajó la velocidad y dijo con voz pausada: “Aquí es donde hacía el tiempo, le descontaba dos o tres segundos a las Ferrari porque venís de una recta y la siguiente curva no se veía. Los carteles indicaban 200, 150, 100, 50 metros e instintivamente todos frenábamos… si te ibas afuera se acababa la carrera porque en esa época no había guardrails y la pista era más angosta. Para tratar de recuperar la punta después de mi parada en boxes pensé que si encaraba la curva bien pegado a la derecha, casi pisando la banquina y buscabas la cuerda a la izquierda se podía entrar a fondo. Y así lo hice hermano…” Hablaba con voz pausada mientras una leve sonrisa se le dibujaba en el rostro recordando aquel día, el del triunfo más glorioso de su impresionante historial. El resto ya no importaba, había revivido con Fangio al volante el lugar donde ganaba un par de segundos hasta alcanzar a las Ferrari y superarlas.

Terminó la vuelta y a todos bajamos del Mercedes seguros de que nunca más viviríamos esos minutos mágicos con nada menos que Juan Manuel Fangio al volante. Le agradecimos y en voz baja nos confesó: “Me prometí que nunca más manejaría así…corrí demasiados riesgos”

Hoy 51 años más tarde, mientras escribo estas líneas mi ritmo cardíaco se acelera igual que ese día inolvidable que está archivado en mi retina.

Carlos F. Figueras

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