Primera prueba de manejo del prototipo Chrysler ME Four-Twelve: rival del Ferrari Enzo con 850 HP
El motor central es una elección de superdeportivo: ubicar el bloque detrás del habitáculo y adelante del eje trasero mejora el reparto de pesos y la dinámica.

Con un V12 de 6.0 litros y cuatro turbos, el Chrysler ME Four-Twelve aceleraba de 0 a 100 km/h en menos de 3 segundos. El proyecto que puso a Detroit en la pelea de los hiperdeportivos europeos quedó en un prototipo único.
Un V12 AMG con cuatro turbos y 850 HP
El nombre resume la fórmula: «ME» por mid-engine, motor central; «Four» por los cuatro turbos; «Twelve» por los doce cilindros. En plena era DaimlerChrysler, el proyecto contó con ingeniería de Mercedes-AMG para armar un V12 de 6 litros con cuatro turbos. La potencia declarada fue de 850 HP.
El motor central es una elección de superdeportivo: ubicar el bloque detrás del habitáculo y adelante del eje trasero mejora el reparto de pesos y la dinámica. Acá había un V12 con cuatro turbos, no dos. Cuatro turbocompresores en lugar del esquema biturbo convencional permiten repartir el trabajo entre pares de cilindros, reducir el retardo de respuesta y manejar mejor la temperatura de admisión. El resultado era una entrega de potencia brutal desde bajas vueltas.

El chasis era un monocasco de fibra de carbono. Eso reduce el peso y aumenta la rigidez torsional frente a un chasis de acero. El peso en orden de marcha se estimó en torno a los 1.300 kg, una cifra de superdeportivo puro. La transmisión, de 7 marchas, fue desarrollada por la firma británica Ricardo para soportar la entrega de torque. En esa época no era habitual una caja de 7 marchas: la mayoría de los superdeportivos usaba manuales de 6 o secuenciales automatizadas de 6. La del Chrysler era una pieza de ingeniería pensada para domar 850 HP.
Chrysler estimaba una velocidad máxima por encima de los 390-400 km/h, aunque nunca se verificó en pruebas independientes. Los rivales declarados eran el Ferrari Enzo y el Porsche Carrera GT.
Números que superaban al Enzo
En 2004 se registraron cifras contundentes: 0-60 mph en 2,85 segundos y cuarto de milla en 10,6 segundos a 136 mph. Si te cuesta dimensionar esos números, pensá que el 0-60 mph en 2,85 segundos equivale a un 0-100 km/h de poco más de 3 segundos. El cuarto de milla es la distancia clásica de aceleración: 402 metros desde parado. El Chrysler los cubría en 10,6 segundos llegando a 218 km/h.
Esos registros superaban en papel al Ferrari Enzo. El hiperdeportivo italiano declaraba un 0-60 mph más lento y un cuarto de milla por debajo de la marca del Chrysler. El ME Four-Twelve no solo aguantaba el duelo: lo ganaba en aceleración pura. Hay que aclarar que las cifras del Enzo correspondían a mediciones de fábrica y las del Chrysler a un prototipo en pruebas, pero la lectura de la época fue clara: el auto de Detroit estaba a la altura de Maranello. En 2004, bajar de 3 segundos en 0-60 mph era territorio de un club muy selecto de superdeportivos. El Chrysler se metió ahí con un motor yanqui con ADN alemán.
De Detroit a la pista en meses
El prototipo debutó en el Salón del Automóvil de Detroit (NAIAS) en enero de 2004. La puesta en escena fue de show car: líneas muy bajas, faros finos, una silueta con tomas de aire laterales y alerón posterior, rodeado de flashes de prensa. El equipo de diseño liderado por Trevor Creed, vicepresidente de Diseño de Chrysler en esa época, había creado un superdeportivo con proporciones de auto de carreras.
Lo que vino después fue una génesis relámpago: en meses, el proyecto pasó de exhibición a pista de pruebas. La diferencia entre un concept car y un prototipo funcional es clave. Un concept no se puede manejar; un prototipo funcional sí acelera, frena y permite medir prestaciones reales. El ME Four-Twelve fue de lo segundo. Por eso se transformó en un halo car, un auto aspiracional pensado para elevar la percepción de toda la gama Chrysler más que para generar ganancias por volumen. No era un negocio de unidades: era una demostración de capacidad técnica.
DaimlerChrysler era el grupo que controlaba Chrysler y Mercedes-Benz. El proyecto se beneficiaba de sinergias entre ambas marcas: el V12 venía del lado AMG y el chasis de fibra de carbono mostraba lo que se podía hacer con recursos compartidos. Sin embargo, la estrategia final no acompañó.
El final: un unicornio americano
Pese a que se barajó una producción limitada, DaimlerChrysler canceló el proyecto hacia 2005. Nunca se fabricó en serie. Se construyó al menos un prototipo manejable y una unidad de exhibición. El ME Four-Twelve quedó como un «¿qué hubiera pasado si…?».
La cancelación no fue por falta de talento: el auto ya demostraba números de hiperdeportivo. DaimlerChrysler decidió no apostar por un nicho caro y de volumen mínimo. Nunca se vendió, pero sus números siguen vigentes como una de las rarezas más rápidas salidas de Detroit.
