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Colapinto se metió tercero en Monza, se fue a la grava en Lesmo y rescató un 9° que sabe a poco

Durante varias vueltas, Monza tuvo una clasificación que nadie esperaba: los dos Mercedes de Andrea Kimi Antonelli y George Russell al frente, y un Alpine escoltándolos.

Colapinto se comió la grava en Monza, resurgió y superó a Verstappen: terminó 9° tras pele

Andrea Kimi Antonelli ganó el Gran Premio de Italia desde el puesto 19 y desató la fiesta de Mercedes en la casa de Ferrari. Pero el domingo en Monza también quedó con firma argentina: Franco Colapinto tocó el podio, se fue de pista en Lesmo cuando marchaba tercero y, con una remontada furiosa, terminó noveno para sumar dos puntos.

Fue una de las carreras más montañosas de la temporada. El Autodromo Nazionale di Monza, el circuito más rápido del calendario, fue el escenario de una tarde con bandera roja, un accidente fuerte, un héroe local inesperado y un piloto argentino que volvió a demostrar que tiene pasta de gran premio.

Una bandera roja que lo cambió todo

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La carrera arrancó tensa. Charles Leclerc, la gran esperanza de Ferrari ante su público, perdió el control de su auto en la Parabólica en la tercera vuelta. El impacto contra las contenciones fue fuerte y el monegasco quedó fuera por sus propios medios, pero el susto recorrió todo el paddock. La dirección de carrera mostró la bandera roja: todos a boxes, carrera detenida y un relanzamiento que iba a escribir una historia completamente distinta.

Colapinto llegó a ese relanzamiento con la sangre caliente. Había largado séptimo con su Alpine, se había mantenido lejos del desorden inicial y, cuando se reanudó la acción, no se conformó con conservar. El argentino superó a Max Verstappen en esa nueva largada y se metió tercero. Mirá la escena: un Alpine delante de un Red Bull, y un país entero conteniendo la respiración.

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Tercero, con el podio a la vista

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Durante varias vueltas, Monza tuvo una clasificación que nadie esperaba: los dos Mercedes de Andrea Kimi Antonelli y George Russell al frente, y un Alpine escoltándolos. Colapinto no especulaba. Usaba cada recta para atacar, cada frenada para sostener la posición y cada curva para demostrar que su lugar en el podio no era casualidad. En la vuelta 29, con el alerón abierto en la recta principal, protagonizó una maniobra que resume su carácter: se tiró por adentro de Oliver Bearman y Gabriel Bortoleto en una sola frenada, superó a los dos y volvió a meterse en zona de puntos.

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Pero la F1 tiene una ley implacable: el vértigo no perdona. En la zona de Lesmo, dos curvas rápidas que exigen precisión absoluta, Colapinto perdió el control. El Alpine se fue de pista, mordió la grava y el piloto luchó por retomarlo, pero el daño ya estaba hecho. Del tercer puesto cayó al 15°. Doce posiciones en un abrir y cerrar de ojos, con la desazón enorme en el box de Alpine. Un resultado que prometía ser histórico se había esfumado por un error propio.

La remontada que valió dos puntos

A partir de ahí, Colapinto hizo lo que mejor sabe: levantarse. El listado de rivales que dejó en el camino es elocuente: Esteban Ocon, Carlos Sainz, Oliver Bearman, Gabriel Bortoleto, Yuki Tsunoda y el propio Max Verstappen, aunque a esta altura de la cronología, el neerlandés ya había quedado atrás. El argentino recuperó seis posiciones en el tramo final y, con neumáticos que ya no daban para más, cerró noveno.

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En la F1 actual, los diez primeros clasificados suman puntos. El noveno puesto entrega dos unidades, que en la tabla parecen pocas. Pero en el contexto de una carrera donde Colapinto tocó el cielo, se cayó al infierno y volvió a remar, esos dos puntos saben a hazaña. Sobre todo porque el error en Lesmo no lo sacó de la pelea: lo convirtió en un aviso de que el argentino no se entrega nunca.

Antonelli, el dueño de la fiesta

Adelante, la victoria se quedó en casa. Antonelli largó desde el puesto 19, superó rivales de a uno y se llevó el Gran Premio de Italia en el circuito donde los tifosi viven la F1 como una religión. Mercedes celebró un 1-2, con George Russell segundo, y el italiano le dio a su gente una razón para creer en el futuro.

El triunfo del joven italiano recortó distancias en la pelea por el campeonato y metió presión arriba. Monza demostró que Antonelli está listo para pelear de igual a igual contra los mejores. Aunque corre para Mercedes, el público local lo adoptó como propio: para los tifosi, la nacionalidad pesa más que el color del auto.

Alpine, dos caras en un mismo domingo

En el garaje de Alpine, el balance final fue agridulce. Pierre Gasly había marcado la pole position el sábado y prometía una tarde de gloria, pero no pudo sostener el ritmo de los líderes y terminó séptimo. Colapinto, en cambio, construyó su resultado desde el error y el barro, con una recuperación que lo mostró como un guerrero. Entre ambos sumaron ocho puntos para la escudería, una cifra valiosa en un circuito donde el equipo llegaba con expectativas altas.

La escudería francesa atraviesa una temporada de aprendizaje, con un auto que rinde mejor en unos circuitos que en otros. Monza, con sus rectas interminables, le sentaba bien. Por eso la pole de Gasly no era una anécdota: era la confirmación de que Alpine encontró un camino. La carrera mostró que todavía le falta consistencia, pero también que tiene dos pilotos capaces de arañar puntos cuando los astros se alinean.

Qué dice Monza sobre Colapinto

A sus 23 años, Colapinto ya no es una promesa: es una realidad instalada en la grilla. Después de sorprender al mundo con Williams a fines de 2024, el argentino se ganó el asiento titular en Alpine al lado de Gasly, algo que no ocurría con un piloto estable argentino en la F1 desde hacía más de dos décadas. Carrera a carrera demuestra que no está ahí para cumplir. En Monza mostró su mejor versión y también su talón de Aquiles: el despiste en Lesmo es una deuda pendiente, un recordatorio de que el límite entre la hazaña y el desastre es finísimo.

Si Colapinto hubiese mantenido el tercer puesto, Argentina habría celebrado su podio más esperado de las últimas generaciones. No fue así, pero el noveno lugar final, con esa remontada incluida, terminó siendo un resultado tan elocuente como un trofeo. En una categoría donde el auto define casi todo, el piloto argentino demostró que el factor humano todavía importa. Y eso, en la F1 actual, no es poco.