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Operativo Fiat Cronos Centenario

Recorrimos parte de los Valles de Córdoba con el Fiat Cronos Centenario, una edición limitada de 100 unidades con detalles estéticos específicos en conmemoración del centenar de años que la empresa está celebrando este año en el país. Crónica de 2.000 kilómetros a bordo del 1.8 con caja automática de seis velocidades.

Todavía me acuerdo el hype que hubo en torno al “nuevo Fiat” y, justamente, cómo lo canalizó y supo aprovechar la marca italiana. No era para menos: se trataba de un desarrollo íntegramente novedoso que implicaba, además, el reemplazo de la histórica familia Siena (y Linea) luego de una importante inversión de 500 millones de dólares en la fábrica cordobesa.

Las redes sociales sirvieron de aperitivo para la develación del nombre: X6S pasó formalmente a denominarse Cronos y finalmente en febrero de 2018 se lanzó con toda la pompa en la mismísima usina de Ferreyra. Tras manejarlo múltiples veces en sus diferentes versiones 1.3 de 99 CV (#330) y 1.8 (130), con caja manual (#328) y automática (#332), nos subimos al último lanzamiento de la marca; uno muy especial.

Se trata de la versión Centenario que, como indica su nombre, conmemora los 100 años de la marca italiana en nuestro país. Y, como estábamos un poco ansiosos, decidimos ir directamente hasta la línea de producción para retirar la unidad número 2 de 100 recién salida del horno y recorrer parte de la provincia mediterránea para refrescar algunos conceptos y, por qué no, sentirnos parte de los festejos de FCA en el país.

Ferreyrágono y a la ruta

Una fría mañana de julio llegamos a Ferreyra con nuestros bolsitos. Pero fría en serio: el panorama era bien distinto a nuestra ultima vez allí en ocasión, justamente, del lanzamiento de Cronos en una abrasante y húmeda jornada de febrero.

Luego del ingreso a FCA, digno de un organismo de máxima seguridad, nos encontramos con la unidad lista para nosotros. Nos acomodamos al milímetro gracias a la doble regulación de volante y butaca y Venancio, el fotógrafo, hizo lo suyo con el booster casero para sus dolores de columna. Sin embargo no recordaba la poca cantidad de portaobjetos, un ítem a mejorar en futuras generaciones con lo cual acomodamos como pudimos los celulares, billetera y llaves y arrancamos.

Ya munido con los mapas descargados, la hoja de ruta indicaba Traslasierra como primera parada, más precisamente El Cóndor, pero las inclemencias del tiempo hicieron que vialidad cerrara la ruta por hielo y nos quedamos con las ganas de pasar por el icónico inicio del tramo del World Rally Championship que suele terminar en Copina.

Así fue como encaramos para Punilla, otro de los valles característicos de la Provincia. Circunvalación, 53 y en Salsipuedes tomamos el desvío para agarrar el Camino del Cuadrado (R57) que une La Falda con Río Ceballos. Se trata de un camino de 30 kilómetros serpenteante, con trepadas y bajadas donde pusimos a prueba buena parte del apartado dinámico del Cronos y la dirección asistida eléctricamente, que aunque cuenta con un radio de giro bastante amplio para nuestro gusto, respondió bien y directamente a los pedidos que le hacíamos al volante curva tras curva. En crucero, la firmeza justa para brindar seguridad y confort y en curvas custodiado por el ESP.

Punilla es el valle de mayor actividad turística de la provincia y se encuentra enmarcado por las Sierras Chicas y por distintos cordones de mesetas o pampas de las Sierras Grandes. Desde el trazado se pueden tener buenas vistas de los cerros Los Gigantes, de 2.374 metros de altura, Pan de Azúcar, de 1.260 metros y un poco más alejado, el conocido Uritorco, de 1.979 metros.

El Cuadrado, de impecable cinta asfáltica nos depositó en Valle Hermoso. Atravesamos la ciudad y nos quedamos con ganas de pasar por las Siete Cascadas, pero por cuestiones de tiempo seguimos viaje y encaramos la 38, que paradójicamente estaba cargada.

Escoltados por el Río Grande de Punilla bajamos por Casa Grande, Molinari (donde nos metimos en la ribera para hacer algunas fotos de las que ilustran estas páginas), Cosquín (vos también repetiste internamente “¡aquiiii Cosquin!”, ¿no?), Santa María de Punilla y finalmente Bialet Massé, donde efectuamos la anhelada parada gastronómica para almorzar no sin antes preguntar por el Museo del Hincha de Fútbol que estaba cerrado.

Con la panza llena, el corazón contento y el Río Cosquín (donde desemboca el Grande) a nuestra izquierda, continuamos el periplo bajo una garúa intermitente. En ese momento echamos mano del sensor de lluvia y nos olvidamos del agua. Cabe destacar que esta edición del Cronos está basada en la Precision, con lo cual lleva consigo todo el equipamiento disponible para la familia Cronos, tanto en confort como en seguridad.

El derrotero siguió y la 38 nos encaminó a uno de los destinos turísticos más reconocidos a nivel nacional: Carlos Paz, la Villa. Debo reconocer que hacía varios años que no la visitaba cuando iba como fanático y luego como periodista a los parques cerrado y de asistencia. Atravesamos toda la Ciudad por el boulevard y bajamos hasta la costa, pasando por el Portal Del Lago, histórico hotel para las tripulaciones del WRC.

Tras las fotos de rigor a orillas del Lago San Roque emprendimos el viaje rumbo sur con horizonte Embalse. Unos kilómetros de la 20 con el complejo Pro Racing custodiando la salida y desvío por la 45 que lleva a Alta Gracia, hogar y referencia obligada del Mago, pasando por Falda del Carmen y del Cañete.

Pese a la falta de señal en la ruta, Maps nos sugirió bordear Alta Gracia y seguir hasta la 36 cerca de Rafael García, donde seguimos para el sur tocando Despeñaderos, Los Molinos, San Agustín y Las Bajadas cruzando Rio Segundo en el camino y el inmenso Lago Piedras Moras. El último suspiro fue hasta Embalse, por la 5 con el sol casi poniéndose tras el lago artificial Río Tercero de 5.600 hectáreas que es la conjunción de los ríos Santa Rosa, Grande, Amboy, Quillinzo y La Cruz, alimentándose de una cuenca de 3.300 km². Los últimos disparos fueron por la zona del vertedero y del famoso mirador.

Fitz, Chernobalse y la vuelta

Embalse amaneció gris y tras los mates de rigor salimos a conocer algunos lugares que nos habían comentado la noche anterior y que nos generaron muchísima curiosidad. El primero, por cercanía, fue la Central Hidroeléctrica Fitz Patrick.

El proyecto de la empresa inglesa que construía tramos del Ferrocarril Central Argentino apuntaba a realizar un dique de contención ya que las vías construidas eran frecuentemente arrasadas por las aguas del río Ctalamochita (sí, de ahí viene “Calamuchita”).

En 1927 se activó la planificación dirigida por los ingenieros Juan Carlos Alba Posse y Santiago Enrique Fitz Simon. Fueron 10 años de trabajo donde se levantó el dique principal de 50 metros de alto y 360 metros de largo construido en roca granítica hasta que en 1943 arrancó su funcionamiento.

La torre más grande de 40 metros de altura toma el agua para la usina (que tiene una potencia de 15000 HP), pasa por 3 turbinas tipo Francis de 3,5 MW y desemboca en el Vertedero de 300 metros de largo que actúa como canal evacuador y que brinda además un espectáculo de gran belleza cuando el agua del dique rebasa, ofreciendo al público la “cola de novia” que, lamentablemente para nosotros, suele darse en verano.

Tras un breve paso por la Gruta San Martin de Porres en el barrio de Casitas donde pudimos probar el Cronos en caminos de tierra, enfilamos a la Central Nuclear. ¡¿Cómo?! Sí, en pleno auge de Chernobyl nos quedamos de piedra cuando nos encontramos con esta gema, la segunda a nivel local después de Atucha.

Su construcción comenzó en 1974 y duró diez años. En 2015 cesó su actividad y hace algunos meses se reactivó en una segunda etapa de vida que durará 30 años. Para este ciclo la central incrementó su potencia a 683 MWe (un 6% más que su capacidad de anterior) para abastecer a 3 millones de habitantes y producirá cobalto 60 para el mercado interno en aplicaciones medicinales e industriales, y para exportar. Pero lo más importante de todo es que brindará trabajo a más de 1000 familias durante los próximos 30 años.

A partir de allí, la vuelta. Encaramos nuevamente para Almafuerte y seguimos por la 2, atravesamos Río Tercero y nos desviamos a la 79 con la promesa de encontrarnos con un paisaje “diferente” en Villa Ascasubi. No sólo encontramos las cuestionables esculturas en esa ciudad sino que después nos almorzamos una ruta detonada donde el Cronos sacó pecho y, pese a calzar 17” y un jugado talón de 45, se bancó el traqueteo sin chistar. Aprobado.

Coronel Almada y Oncativo -sede de la Fiesta Nacional del Salame Casero- fueron el último vestigio de rutas interprovinciales ya que de ahí en más unimos Córdoba-Rosario por la autovía hasta la 9, donde finalmente encaramos para casa celosamente escrutados por varios puestos de la Policia Caminera dispuestos a lo largo del camino.

Conclusiones

recuadro cronosFueron aproximadamente 2.000 kilómetros con una de las poquísimas unidades que Fiat puso a la venta en junio. Sólo 100 no sólo a nivel regional sino también mundial porque el Cronos es celosamente Mercosur.

Pudimos poner a prueba su comportamiento dinámico por todo tipo de rutas y caminos: en buen estado, asfaltadas, sinuosas y a más de 1.500 metros de altura, donde el 1.8 y las suspensiones cumplieron aunque el tanque de 48 litros le puede jugar algo en contra a la hora de los repostajes.

Además, no sufrimos sobresaltos con la climatización (pasamos de 3 grados en las cumbres a momentos de 20º) y sobró espacio en los 525 litros disponibles del baúl para los bártulos del fotógrafo y de quien suscribe.

Como hace diez años fueron 90 los Cinquecento por los 90 años de Fiat en el país, este año la filial local decidió homenajearse con el producto cordobés. Ambos se lo merecen.

Fiat Cronos Centenario aguita sobre tu cuerpo

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