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Experiencia: 20 Horas de Turismo del Vicente López A.C

Carlos Figueras nos recuerda su experiencia en las 20 Horas de Turismo del Vicente López A.C realizada en el Autódromo de Buenos Aires.

Por Carlos F. Figueras

Fue a mediados de 1975 cuando sonó el portero eléctrico en mi departamento a eso de las diez de la noche.
– ¿Quién es?
– Soy Cocho, abrime que tengo que hablar con vos urgente.
Una vez ubicados en el living me enteré de la razón de su visita imprevista.
-¿Tenés la licencia deportiva al día?
– Sí, ¿por qué?

La razón era que ese fin de semana se corrían en el autódromo de Buenos Aires las 20 Horas de Turismo del Vicente López A.C. El coequiper original de Cocho era Máximo Macchi, pero justo para esa fecha la mujer esperaba el nacimiento de su hijo. Por lo tanto, no era lo más sensato estar corriendo mientras su mujer estaba internada dando a luz.

Acepté la invitación con la condición de ir a probar unos días antes porque el año anterior había compartido el Peugeot 504 de Jorge Maggi en unas 24 Horas, pero no conocía el comportamiento de las coupé Fiat 125 de Turismo Nacional. Por supuesto que me entusiasmaba volver a girar en el autódromo mezclado con los grandes de la época como Mayorga, Garro, Migliore, Fernandino, Zunino, Rodríguez Canedo, etc. Me pasé toda una tarde girando en el circuito largo asentando gomas para la carrera. Si bien el manejo de la coupé difería respecto al 504, me adapté con cierta facilidad yendo de menor a mayor para no cometer errores y conocer el auto en profundidad.

Lucíamos el número 12 en las puertas, posición lograda en la clasificación del viernes detrás de los Fiat y Peugeot de los equipos oficiales. Obviamente el primer turno lo completó Cocho mucho más experimentado para manejarse en el descontrolado tráfico de las primeras vueltas y a superar con decisión autos más lentos como los Fiat 128. Unas dos horas más tarde, llegó el turno de cambio de piloto y me hice cargo de la 125 amarilla sin necesidad de acomodar la butaca porque éramos (y somos) de la misma altura.

Compartir el auto con Cocho era una responsabilidad pero siempre me transmitió confianza antes y durante la carrera. El día previo me había anticipado: “Los del equipo me contaron que anduviste bien con tiempos parejos, pero vos tenés que hacer la tuya y sentirte cómodo. Lo mejor antes de encarar el curvón del fondo (Salotto) es pegarle una breve patada al freno sin desacelerar, así el auto baja la trompa. De esa forma vas a transferir peso al tren delantero y tendrás una dirección más precisa para transitarlo. Si entrás a fondo, es probable que no vayas por la trayectoria ideal y al salir a la recta rumbo a la Horquilla pierdas 200 vueltas (unos 7 km/h) que son irrecuperables. Es preferible entrar con el auto bien apoyado sobre las cuatro ruedas y salir más rápido, ahí está el tiempo”.

Por supuesto, tuve muy en cuenta su consejo y de esa forma conseguía dibujar esa extensa curva (que no es de radio constante) por el recorrido ideal encarando la recta con mayor velocidad y motor a pleno en cuarta marcha. Llega a la Horquilla a unos 180 km/h pero en tándem se superaban los 190.

Llegamos a estar terceros o cuartos a las 12 horas de carrera mediante un ritmo parejo y aprovechando los abandonos pero un neumático delantero izquierdo se reventó mientras manejaba Cocho, y la coupé se despistó en el Salotto lo que nos obligó a quedar a la espera de un remolque para que sacara el auto entre los pastizales perdiendo más de media hora cayendo varios puestos en la clasificación. Fui el encargado de cumplir el último turno antes del banderazo. Logramos terminar en el puesto 11º con cierta decepción por el inesperado “reventón”.

Una experiencia que realmente disfruté junto a un piloto del nivel de Cocho López. Esa fue mi última participación en una “carrera de verdad”. Broche de oro para mi intermitente participación en el automovilismo deportivo.

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