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Contacto: Kia Sportage GT-Line

Para el ojo no avezado, descubrir al nuevo Kia Sportage puede resultarle una tarea para nada sencilla. A poco más de dos años de la llegada de la cuarta generación, el SUV compacto de la marca surcoreana recibió su restyling, pero además le sumó una caja automática de ocho velocidades, algo de equipamiento y la variante GT Line que ilustra estas líneas.

La línea

En la trompa los cambios más profundos se dan en el famoso hocico de tigre (algo más estilizado y simétrico), en la zona de la toma de aire inferior y también en la disposición interna de las ópticas. Lo remata un listón cromado que la recorre de punta a punta.

A las llantas también les llegó la renovación, con un diseño superdeportivo que se condice con el epíteto GT-Line. Por último, el sector trasero es quizás el más difícil de reconocer, ya que prácticamente se mantuvo inalterado.

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 Adentro las modificaciones afectan al tablero (especialmente a la interfaz de la computadora) y a la nueva central telemática de 8”, algo que siempre es bienvenido por el usuario argentino. Su interfaz es similar a la que hemos manejado en otros modelos de la marca (algo anticuada), pero cobra vida gracias a la conexión con Android Auto/Car Play, que ya está siendo menester en casi todos los segmentos del mercado.

Estructuralmente el habitáculo es muy oriental, con un diseño muy minimalista, en el que el logo “GT Line” en el volante rompe un poco con la monotonía. Aun así, ni bien uno abre la puerta percibe y respira calidad, que habla de la buena factura y materiales utilizados en la usina surcoreana.

Como en buena parte de los Kia, la dirección tiende a ser algo liviana, aunque cuando trepamos en velocidad se endurece para ofrecer más firmeza, seguridad y confort. Quien esté tomando ese volante no tardará en encontrar una excelente posición de manejo, producto de las múltiples regulaciones del volante y de la butaca, estas últimas eléctricas.

Gratísima noticia cuando abrimos las puertas traseras y nos posicionamos en la segunda hilera de asientos: muy buen espacio de piernas y lugar –algo más incómodo– para un quinto pasajero en la plaza central. No hubo modificaciones en los 2,67 metros entre ejes, y se mantuvo una de las virtudes de esta cuarta generación.

Kia es otra de las marcas que siguen apostando al diésel, una motorización que en los últimos años en nuestro mercado fue en retroceso. Bajo el capot todo se mantiene, con el cuatro cilindros turbodiésel de 185 CV que, al igual que en la edición anterior, nos sorprendió por su baja rumorosidad. La caja, otrora de seis marchas, recibió un “upgrade”, con dos relaciones más que a priori deberían incidir mayoritariamente en los consumos. Con los números en la mano, la realidad es que pide entre 5 y 7% menos circulando a velocidades constantes (0,4 litros a 100 y a 130 km/h) y en la ciudad registramos un leve incremento de los 11 originales, aunque es el consumo que más varía de acuerdo al uso.

En pocas palabras, puede decirse que la Sportage con caja de ocho gasta ligeramente menos y es apenas más lenta.

Precio: 53.000 USD

 

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