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Carlos Figueras: Menditeguy, La Maserati y Brigitte

Un personaje irrepetible dentro del automovilismo que abandonó una Maserati del equipo oficial en el GP de Mónaco de F1 en 1956 para pasar unos días con Brigitte Bardot.

Nadie puede dudar que Carlos Alberto Menditeguy, más conocido como “Charlie”, fue un dotado para el deporte. Ya de muy joven demostró su habilidad en el fútbol jugando como centro delantero representando al Arriola de Marín en torneos intercolegiales. En tenis llegó a estar ranqueado entre los diez mejores del país. Quienes lo conocían aseguraban que era muy bueno practicando esgrima o en una mesa de billar. El esquí tampoco tuvo secretos para él. Por una apuesta llegó a ser scratch en golf (0 de hándicap) en menos de un año. En polo, una de sus grandes pasiones, mantuvo su 10 de hándicap durante años y junto a su hermano Julio y los Duggan formaron el equipo de El Trébol que ganó tres torneos consecutivos en Palermo. Del haras “El Turf” de Capitán Sarmiento, propiedad de su familia, salieron inolvidables ganadores del Gran Premio Nacional y Pellegrini.

En automovilismo debutó ganando una carrera de autos Sport en enero de 1950 manejando una nueva y reluciente Ferrari 166 SP Corsa en el circuito de El Torreón en Mar del Plata. A partir de ahí comenzó a dedicarse a la actividad con más frecuencia, especialmente en TC con una coupé Ford. A partir de los años 50 tuvo algunas participaciones internacionales de relevancia. Fangio, que ya había sido campeón mundial dijo sobre Menditeguy: “No fue campeón mundial porque no quiso…”.

En 1956 integró el equipo oficial Maserati de F1. En mayo de ese año se corría el GP de Mónaco. Un par de días antes de la prueba, el representante de la ya famosa Brigitte Bardot, le hizo llegar una invitación a Juan Manuel Fangio para concretar una cena con la actriz francesa. Pero el balcarceño era muy responsable en los días previos a las carreras y le comunica que él no podía asistir pero que tenía un amigo, también corredor, que era un hombre de mundo y hablaba muy bien francés. Así se lo comunica a Menditeguy (41) que acepta de inmediato. La cita se concreta en un íntimo restaurante de Montecarlo a la luz de las velas. Terminada la cena la invita a Brigitte a pasar un fin de semana en Saint Tropez que la actriz acepta “víctima” de la reconocida seducción de la personalidad de Charlie que también aseguran tuvo una relación con Ava Gardner. Por lo tanto dejó abandonada su Maserati del equipo razón por la que fue despedido de inmediato. Al retorno de su breve romance en la Costa Azul fueron muchos, incluso Fangio, los que reprocharon su actitud. La respuesta de Menditeguy no se hizo esperar: “No era una oportunidad para desaprovechar”.

Acerca de su campaña en el automovilismo fue bastante dispar, muchas veces signada por la mala fortuna. Sin embargo fue reconocido por pilotos como Stirling Moss –con el que compartió el mismo auto en un par de carreras de endurance- que lo definió como “uno de los más rápidos que vi en mi vida doblando en curvas o curvones veloces”.

Como personaje que era, también mostraba un perfil soberbio, arrogante e irónico. Estaba  como espectador en una carrera internacional en Palermo y a su lado alguien dijo “Pasarán muchos años antes que aparezca un piloto como Fangio”. Menditeguy los miró y sentenció: “Muchos no…”. También se hizo famosa la frase que le dijo a su acompañante cuando tras ganar varias etapas y a poco de quedarse con el GP del TC de 63 se rompió el motor a 15 kilómetros de la llegada en Arrecifes. Se bajó resignado, prendió su habitual cigarrillo y acercándole el encendedor le dijo: “Quémelo Linares, quémelo”.

Quienes lo conocían decían que hacía gala de su relación con la reina de Inglaterra a la que le vendía caballos de polo frecuentemente. Cierto día en una reunión comentó que había llamado a Londres para hablar con Isabel. Uno le preguntó: “¿Qué Isabel?”. Charlie lo miró y contestó: “¿Quién va a ser?…la reina”. Entre sus irónicas historias se cuenta que al volver de un viaje al Vaticano comentó: “Estaba la plaza llena de gente y muchos preguntaban, ¿quién es el gordito pelado vestido de blanco que va al lado de Menditeguy?”.

Probablemente por su condición social y económica nunca llegó a ser ídolo popular en el automovilismo, pero fue respetado por todos. Entre otras mañas también tenía sus cábalas. En TC casi siempre usaban la misma remera azul y una campera de gabardina beige y subía al auto por el lado opuesto al volante. Si le tocaba el número 13 hacía pintar “+1” en las puertas.

Pretendí en esta reseña acerca de su vida deportiva sirviera para que de una breve pincelada se conociera algo de la personalidad del gran “Charlie”. Un personaje único e irrepetible así como los tiempos en que le tocó vivir.

Falleció tras una larga lucha contra el Parkinson en 1973 a los 58 años.

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