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Alfa Romeo 8C Competizione: Figueras nos recuerda su contacto

Pasear por calles, avenidas y autopistas porteñas al volante de un Alfa Romeo 8C Competizione es una experiencia inolvidable. Se trata de la única unidad llegada a la Argentina (de las 500 producidas para el mundo), a la que tuvimos la posibilidad de acceder en el año 2008.

No es habitual ni mucho menos que uno pueda subirse a un ejemplar que es y será único por estas latitudes del planeta y del que sólo se han producido 500 unidades para exportar al mundo. Si bien su precio se estableció en unos 230.000 dólares, lo cierto es que aquéllos que se adelantaron al resto ya tienen ofertas (dicen que de jeques árabes) que en algunos casos llegan a duplicar el valor inicial.

Pasear por Buenos Aires con el Alfa 8C Competizione atrayendo las miradas de neófitos y entendidos, hombres, mujeres y niños por igual, es toda una experiencia que sólo viví cuando hace unos años recorrí buena parte de la ciudad al volante de una Ferrari 356 Módena Spider a cielo abierto.

Todo comenzó gracias al comentario de uno de los empleados de playa de la Shell de Figueroa Alcorta: ahí fue donde me enteré de la existencia de un Alfa 8C en Argentina. El paso siguiente fue tomar contacto con el Grupo Módena, representante de Ferrari, Maserati y Alfa Romeo en nuestro país.

Aprobado el préstamo y con la venia de Cristiano Rattazzi, sólo quedaba combinar día y hora para retirarlo.

Contacto visual

Allí estaba el 8C de cuerpo presente, estacionado en los subsuelos del garaje del edificio donde Fiat Auto tiene sus oficinas. La trompa impacta, transmite agresividad, se muestra agazapada, pegada al piso. Mirándolo de distintos ángulos, se manifiestan sus líneas puras sin aditamentos aerodinámicos, con un toque retro, musculoso, sensual y salvaje que no esconde las verdaderas intenciones para las que fue creado. Aprovechando los desarrollos tecnológicos de Maserati y Ferrari –con los que comparte distintos elementos-, Alfa Romeo hizo uso de esa ventaja para producir 500 unidades del 8C Competizione, máxima expresión deportiva de la marca.

Rojo y con curvas irresistibles, el 8C se comienza a disfrutar mucho antes de girar la llave de contacto y escuchar el grito agudo, casi histérico, del V8 de 450 caballos de origen Ferrari ubicado al frente, detrás del eje delantero. Por supuesto, la potencia se transmite al piso desde el eje trasero, como en los autos de la más rancia estirpe entre los sport de competición de la década del ‘60.

Ese es el momento del placer celestial, cuando por la médula cosquillea y circula una incomprensible y misteriosa corriente eléctrica que acelera (¡y cómo!) el ritmo cardíaco.

Vamos por partes

Pero antes de conectar la primera vale la pena tener cuenta algunos aspectos que diferencian al 8C de la mayoría de sus rivales.

La fibra de carbono, material con que se construyó la carrocería ahorrando 200 kilos de peso, también está presente en la plancha y las contrapuertas. La plataforma es la misma que utiliza la Maserati GranSport y el motor es un Ferrari llevado de 4,2 a 4,7 litros con una ganancia de 50 CV. Con estos datos sería ridículo verter conceptos sobre su carácter deportivo. Al montar el motor detrás del eje delantero y la caja delante del tren trasero, se logró una distribución de pesos ideal: 49%-51%; de esa forma el comportamiento dinámico es del más alto nivel, con suspensiones firmes, radicales, que copian cuanta imperfección encontremos en el asfalto. Es por eso que el 8C se ha ubicado entre los protagonistas principales dentro de la sofisticada especie a la que pertenece.

Auténtico 2+2

Tanto el conductor como el eventual acompañante viajarán cómodos y con todo el equipamiento de confort a disposición. Las butacas en cuero rojo son súper racing y de sujeción impecable, la pedalera no es tan profunda, la columna de dirección cuenta con regulación doble, y el volante es de tacto grueso y dispone de generosas levas de cambio ubicadas detrás. Instrumental completo con ordenador y ausencia de selector en la consola entre asientos, sitio donde se ubican los mandos de distintas funciones para la utilización de la caja secuencial en “Auto” o “Sport”, junto al botón de marcha atrás. Por tratarse de la nave insignia de la casa italiana, la terminación y los materiales han sido cuidados y se nota una mayor preocupación en ese aspecto, con un resultado final satisfactorio.

Si busca confort de marcha no piense en el 8C, aunque de todos modos no lo podría comprar porque está agotado. No fue pensado para eso, su misión es otra. Tampoco la insonorización figura entre sus virtudes… ¿Pero existe ser en la tierra que no disfrute de la sinfonía de los ocho cilindros girando a 7.500 vueltas?

El motor genera 450 caballos mediante un V8 de carrera corta, 32 válvulas, inyección secuencial y distribución variable continua con una potencia específica de 96 CV/litro. El par máximo es de casi 50 kgm (490 Nm) a 4.750 rpm y la relación peso/potencia declarada es de 3,5 kg/CV. La caja es de tipo automática-secuencial (denominada Cambio Corse), con embrague bidisco y diferencial autoblocante con ESP/ASR que no se recomienda desconectar, ya que si bien ahí comienza la diversión, también puede sobrevenir lo inesperado. Respecto de la suspensión, ambos ejes cuentan con sistema a paralelogramos deformables, como debe ser en un auténtico purasangre de carrera.

Abróchese el cinturón…

Si bien oficialmente declaran 292 km/h, las pruebas realizadas por nuestros colegas de “Automóvil” de España arrojaron 305,7 km/h, en tanto el 0 a 100 km/h lo hizo en 4,21 segundos, llegando al kilómetro en tan sólo 22,5 segundos.

El consumo en este caso pasa a tercer plano: en ciudad utiliza unos 18/19 litros cada 100 km llevándolo con dulzura, y unos 13 litros a constantes 130 km/h.

Los frenos de disco ventilados y perforados son de grandes dimensiones y logran detenerlo en 36 metros, igualando a los mejores Porsche. Sin embargo, y pese a que el poder frenante se manifiesta de inmediato, el inmenso pedal es algo esponjoso; por lo tanto, dosificarlo en el tránsito urbano requiere cierto acostumbramiento.

La caja de seis marchas puede utilizarse en D (Drive) para circular por la ciudad o por medio de las levas detrás del volante estirando los cambios hasta el corte a 7.500 rpm, momento en que comienza un muy audible “petardeo” que ordena pasar al inmediato superior. Cada cambio de marcha demanda unas 4/10 de segundo, poco más que las requeridas por las Ferrari más sofisticadas.

La rigidez de las suspensiones habla a las claras de que fueron diseñadas para circular a altas velocidades y en caminos sinuosos, con mínimas inclinaciones de la carrocería. La dirección es rápida y directa, aunque algo pesada en el tránsito ciudadano. Si se presiona la tecla “Sport” y se conduce con la caja en modo manual desde las levas al volante, aflora la verdadera personalidad del 8C. Con neumáticos 245/35 adelante y 285/35 atrás, montados sobre llantas de 20”, la tenida direccional sobre asfalto parejo es del más alto nivel.

Aerodinámicamente (Cx=0,36, valor correcto para este tipo de deportivos), se logró un buen resultado desechando spoilers y alerones que juegan en contra del coeficiente; sólo un difusor trasero aleteado hace que el flujo de aire en las zonas bajas esté canalizado, mejorando así el desempeño a altas velocidades.

Por la ciudad

Las suspensiones no colaboran para que la utilización diaria sea uno de los aspectos destacables, en especial si tomamos como referencia el estado de nuestras calles. Sin embargo, el motor trabaja alegremente por debajo de las 3.000 vueltas sin quejas y con respuesta instantánea, circunstancia en que el sistema de distribución variable cumple con su cometido.

Por supuesto que, a su paso, peatones y automovilistas esbozan una mueca de asombro y sana envidia, demostrando el impacto que producen en la gente las curvas armónicas del 8C. Lo mismo sucede cuando en V8 libera su sonido inigualable, emanado de las cuatro salidas de escape al arrancar en un semáforo. Es difícil para cualquier humano que ama los autos dejar de acelerarlo, aunque más no sea por un centenar de metros. Lamentablemente, sólo en cortos tramos de ruta pude tirar los cuatro primeros cambios hasta el corte para en pocos segundos llegar a superar los 200 km/h.

La diversión y un puñado de sensaciones difíciles de llevar al papel duraron apenas unas horas. Como único ejemplar que circula en Argentina y uno de los 500 existentes en todo el mundo, la prioridad era tratarlo con mano de pianista y evitar cualquier tipo de imprevistos para devolverlo sano y salvo.

Finalmente una marca legendaria, toda una leyenda en el mundo del automóvil, dispone de un auto acorde a sus antecedentes deportivos.

No tengo dudas de que manejé el mejor Alfa Romeo que se haya fabricado en todo su historial, con atributos suficientes como para plantarse sin complejos frente a los más prestigiosos del mundo, incluyendo las míticas Ferrari.

One thought on “Alfa Romeo 8C Competizione: Figueras nos recuerda su contacto

  1. Gustavo dice:

    Tres veranos atrás tuve la oportunidad de ver uno parado en la calle en Punta del E..era dorado. Hermoso, como el pequeño 4C, no tan escaso, Para Alfista que soy, algo realmente maravilloso comparable, como dice el Colorado, a un producto de Maranello. Un gusto leer la nota, Me recordó a la época en que llegaba a casa del Nacional y trataba de agarrar la Parabrisas Corsa antes que mis hermanos.Hoy entre tanto hipster y nabo especialista se echa de menos aquella época!

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