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¿Vas a vender tu auto? Mejoralo con estos consejos

A la hora de vender tu auto, podés hacer que se vea más cuidado y lograr una mejor cotización arreglándole un par de detalles sin gastar una fortuna. Te contamos cuáles te convienen.

Si alguna vez anduviste en la búsqueda de un vehículo usado, sabés que cada auto que ves es un mundo. Así como dicen que las mascotas son como sus dueños, en auto test estamos convencidos de que los autos no sólo son un reflejo, sino más bien una copia fiel de quienes los manejan. Tenés al que lo usa para trabajar, que indefectiblemente hace de las plazas traseras y el baúl su oficina, o al que lo usa los fines de semana para salir y los amigos le dejan los cadáveres de las botellas por todo el piso y demás porquerías.

Puertas afuera

Hete aquí el primero de los escollos: los bollitos. Si tenés la posibilidad, te recomendamos que lleves el auto al chapista. Pero si está detonado, evitalo porque te va a salir una fortuna. Además, los arreglos no siempre son bien vistos por los potenciales compradores, que prefieren ver directamente el golpe que tiene el auto para cerciorarse de que no fue nada grave.

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Algo que queda feo a la vista es el polarizado con globitos, manchado, cortado o simplemente viejo. Da una sensación de descuido total, y además pierde la funcionalidad de filtrar los rayos UV. Repararlo no tiene sentido, por lo que hay que recurrir a quitarlo o reemplazarlo.

Otro de los arreglos grandes que muy probablemente tengas que hacer son los paragolpes. Lamentablemente, a menos que dejes el auto en una caja de cristal eternamente, algo o alguien te los va a marcar (ojo, vos también podés darle un toquecito a cualquiera, ¿eh?) y no hay nada más doloroso para quien ama los autos que ver el clásico “raspón”. Pero no sólo por un tema estético, sino que da la pauta de que el auto fue poco cuidado y, peor aun, de que fue estacionado en la calle con el consabido riesgo que eso implica en este país, más allá de que finalmente haya sido así o no.

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Lo bueno de estas piezas es que, al ser de materiales “baratos”, se pueden repintar, con lo cual no hay que incurrir en un recambio. Se saca, se pinta, se pone, y te asegurás un poroto en cuanto al aspecto general.

La superficie vidriada es un ítem que está expuesto constantemente al trajín diario. Las pocas situaciones en las que se daña se dan por culpa de una piedra en ruta, de un amigo de lo ajeno o del fenómeno climático tabú de los conductores: el granizo. Por eso, si el potencial dueño se encuentra con un vidrio dañado, no se resta en cuanto estética sino que la cosa va por el lado de la desidia, que tampoco es lo más aconsejable. Gran parte de las pólizas de hoy día cuentan con un seguro contra rotura de vidrios, indistintamente de la causa. Si fuiste víctima de la piedra de San Pedro o de un muchacho que se llevó tu estéreo, lo más probable es que estés cubierto, así que no tenés excusa: nada de bolsa de consorcio con cinta adhesiva, ¿ok?

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Otros cristales que pueden sufrir contratiempos son los de las ópticas. Acá entran en juego el material del que están compuestos y qué tipo de daño hay. Si sufrieron el paso del tiempo y están algo amarillentos, lo ideal es pegarles una pulida, aunque los $1.000 pesos que hay que “gatillar” para una crema pulidora, quizás te tiren para atrás. Pero esto sólo aplica en ópticas de policarbonato; si se rajan, vas a tener que cambiar el conjunto entero, algo que naturalmente no te recomendamos por su alto valor.

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Por la zona baja nos encontramos con uno de los puntos delicados en cuanto a facha: tazas o llantas. No hay absolutamente nada más feo que un auto con tres (o menos) tazas. Hacete un favor y desembolsá para dejar bien escondidas las de chapa.

Habitáculo

Hasta acá tenías el libro de las excusas a mano y podías argumentar cualquier cosa, pero lo que pasa en el habitáculo queda en el habitáculo. El principal botón ahí adentro son los tapizados, donde ubicás tu humanidad todas las veces que te subís al auto, por eso es una zona crítica a la hora de evaluar el estado del vehículo.

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Por último, otro de los accesorios que más sufren el paso del tiempo. Eso que agarrás día a día con fuerza y tesón a ritmos continuos, apaciguados y discordantes, con fuerza, suavemente, pero siempre de manera delicada. Hablamos ni más ni menos que de la palanca de cambios. Cada vez que metés uno vas desgastando a la pobre bochita (sobre todo las mujeres que usan anillos), que no hace más que sobreponerse a tus embates hasta que dice basta.

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En la ley del comprador de autos es uno de los indicadores del uso, casi tanto como los dientes en los caballos, por eso estaría bueno que antes de publicarlo le consigas la original para levantar un poquito la imagen.

A menos que seas muy descuidado, tu auto seguro tiene muy pocos de todos estos inconvenientes, con lo cual más que gastar dinero en alguno vas a estar invirtiendo en la belleza general de tu unidad, algo que siempre vas a poder recobrar en el precio final al que lo puedas vender.