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Prueba: Chevrolet Tracker, marcada evolución

La Chevrolet Tracker estrena generación con mucha tecnología, más seguridad y un motor más moderno, pero en el camino dejó la tracción integral. Manejamos la variante tope de gama Premier que busca ser la nueva referente del segmento, ¿podrá?

La Tracker fue una de las primeras bajas durante esta pandemia. Teníamos el check in hecho (pasillo, siempre) para volar a San Pablo a conocerla a mediados de marzo, pero los primeros casos en el país confirmaron lo inevitable: chau presentación de la segunda generación del SUV de Chevrolet. Pese a todo, Brasil, por jugar de “local” siguió con el plan y develó la camioneta ese mismo mes.

Nosotros -e intuimos que Chevrolet Argentina- la miramos por fotos durante un buen tiempo: fueron 3 meses de expectativa y ganas de manejarla. Finalmente a mediados de julio se presentó y, entre el tira y afloje (o apertura y cierre) de AMBA de las últimas semanas, pudimos subirnos a uno de los lanzamientos más esperados, por ustedes y por nosotros, de este peculiar 2020.

Toda nueva

Vamos a lo subjetivo: el cambio es sustancial. Y siendo subjetivos, la anterior tracker estaba muy bien y casi no había sentido el paso del tiempo. Pero marketing y periodos de vida -y sobre todo la competencia- dictaron que era hora del refresh.

Desde lo general, la nueva silueta está muy bien: look moderno, filoso y respetando el diseño de los últimos Chevrolet. La trompa tiene mucha presencia gracias a sus LED, a la generosa parrilla inferior, al bigote cromado y a las musculosas nervaduras del capot, mientras que en el lateral llama mucho la atención el brusco ascenso de cintura cerca del parante C. Las llantas de 17” tiene un diseño bitono y llenan bien los pasarruedas que están vestidos por un típico bodykit plástico que además de sumar desde lo estético cuidan la pintura de los elementos que puedan rayar la pintura del sector inferior.

Atrás (¿un mix de X-Trail y Cherokee?) la patente pasó al paragolpes (antes en el portón) y un detalle que nos sigue haciendo ruido desde Cruze: el logo Turbo que, encima, se suma a “Tracker” y a “Premier”, que nos remite a los noventa cuando en las playas te llenaban el portón trasero o la luneta de calcos.

No nos gustó que el escape quedara algo expuesto a simple vista, sobre todo por si la hoja de ruta implica salirse del asfalto. Sí nos pareció acertada la ubicación del antinieblas trasero tipo F1 (pero por favor, usémoslo solo cuando haga falta) y el spoiler gris donde está empotrado que siempre suma desde lo estético.

Adentro

Por supuesto que la arquitectura interior también recibió gruesas novedades. De la Tracker anterior, nada, de los nuevos Chevy, bastante. Lo primero que notamos ni bien nos sentamos fue el curioso azul elegido para algunas piezas, incluyendo el doblemente curioso aplique de goma (no se nos ocurre otra manera de definirlo). Lo que no cabe duda es que Chevrolet viene apelando a elecciones cromáticas sustanciales con sus lanzamientos y la Tracker no es la excepción: el comunicado de prensa oficial lo define como “una particular combinación de formas, colores, materiales y texturas de la cabina”. Además de los colores, el diseño es otro, claro, aunque buena parte de los componentes seguramente te suenen de otros modelos.

La presentación es correcta -algo espartana- con el My Link (8 pulgadas, de serie en toda la gama) flotante que se destaca en el medio de la consola. Como te contamos, a diferencia de lo aplicado en Cruze y Onix, buena parte de la plancha está cubierta con una goma azul petróleo que da una buena sensación. Todo lo demás es de un plástico promedio (incluyendo las toberas pintadas en gris), pero poco material blando.

La butaca combina sus tapizados con el azul (y le suma gris claro) y es ergonómicamente muy buena. Además tanto el trono como el volante (de base chata y con los comandos esperables) tiene doble regulación con lo cual vas a poder encontrar una posición acorde a tu gusto.

Según la marca el tablero fue “bajado” para mejorar su visualización. Apela a lo clásico, con dos relojes analógicos y computadora a color central (en el resto de la gama, monocromática), pero el conjunto se ve algo despojado y básico en su diseño. La pantalla central tipo TFT tiene hasta 14 diferentes opciones de visualización con lo cual vas a disponer de toda la data del trayecto bien a mano.

Atrás está preparada para tres pasajeros, aunque quien viaje en la central se va a encontrar con una plaza que oficia de apoyabrazos/vasos con lo cual es algo más rígida que las laterales. Ah, y en toda la oferta de Tracker hay dos puertos USB para que quienes viajen allá puedan ir cargando sus dispositivos y evitar un drama familiar.

Con 15 mm más entre ejes, el espacio para las piernas de un adulto promedio es muy bueno. A lo alto también hay buen espacio para acomodar la cabeza pese a que Chevrolet las ubicó un poco más arriba (“tipo anfiteatro”). Con esta nueva disposición, oficialmente se ganaron 74mm a lo alto, 46mm a lo ancho y 19mm a lo alto. Para cerrar ese sector, tres apoyacabezas tipo coma que no van a perjudicar la visibilidad.

El baúl es otro que se vio beneficiado por las nuevas cotas. Aumentó un 30% su capacidad, firmando una planilla de 393 litros (hasta 1278 con la segunda fila rebatida) que lo acerca a los referentes del segmento (Chery Tiggo y Renault Duster que promedian los 500). Bajo el piso, un auxilio del tipo temporal.

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